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Negro pajarraco

El nido del Kau

William José Casanova Vázquez

La vida está hecha de increíbles casualidades, que unos llaman causalidades.

Domingo 21 de febrero, 2021. 12:28 i.m. “Buenas, ¿estás por ahí?” Amante de las tintas y la pluma fuente, a los pocos minutos de recibir ese mensaje el interlocutor estaba conmigo: “¡Ésta debe ser tu tinta oficial”!, exclamó.

RAVEN NOIR se lee en la etiqueta, irónicamente escrito en letras blancas sobre un negro profundo como mi conciencia. Su publicidad: “Negro sobre negro, tan impenetrable como un cuervo volando por el cielo nocturno”.

A las pocas horas, otro gran conocedor de las tintas y las letras, me justificó cuando le platiqué que regresaría a la tinta negra. Mi amado verde se corrompió tanto que ya hasta la utiliza un asesor de imagen y campaña electoral, operación política, asesoría comunicacional y cualquier otro cargo similar que esté en venta en cualquiera de los tianguis meridanos; sí, el mismo que presume ser la materia gris detrás del fulgurante dueto Ejecutivo del Estado-Ramírez Marín.

¡Santo Cielo!, Esa tinta en tu pluma es como un triple chocolate en helado”, resumió mi dealer de una bellísima pluma fuente Metropolitan F de Pilot, al ver mi tintero RAVEN NOIR.

Como cada jueves, comparto con los lectores de VeinteVeinte un pésimo plagio; esta vez la víctima es Slavoj Zizek y su inmortal cuento de las tintas roja y negra.

Para Luis y para Tony, con profundo agradecimiento:

De izquierda a derecha, con toda su paciencia, revisó una por una cada pluma de sus oscuras alas. Al cabo de unos minutos, eligió una peñola con el peso y la talla ideal para sus viejas garras.

El pico se afianzó con fuerza. La arrancó de la piel. Quien no sabe de dolor, no sabe de amores.

No se equivocó. Escogió el cálamo perfecto, capaz de superar un plumín de oro de 14 kilates, trazo fino y blasonado con ases de picas.

En algún momento de la historia los materiales de escritura se convirtieron en joyería fina y símbolo de poder. Se alejaron de las manos, de la humanidad y su necesidad de la escritura a mano.

El pajarraco deslizó su aún sangrante cálamo sobre el papel madera. Las rectas y curvas de la caligrafía Palmer dieron a sus pensamientos una tercera dimensión. Como una pluma fuente de alta gama que desvirga la epidermis perfecta de un Rhodia francés o un nipón Midori, transformó en un idioma universal las gotas de sangre. Entre el morado y el rojo intenso, tinta malva, bombeada directamente del corazón.

En el frío, oscuro nido, la austeridad se presentó en su máxima expresión. Sobrevivir a una pandemia con unas galletas remojadas en el café era nada comparado con la supervivencia familiar y social en épocas de austeridad moral y ética en los derechos humanos, en el deterioro visible de los servicios a la salud, la educación, la seguridad pública, el empleo. La austeridad para el reino, no para la corte que sigue viviendo de su privilegio temporal y tendrá el mismo destino que el Ibonato.

Luego de casi diez meses sin empleo (antes de la pandemia no encontraba respuesta, pero después del viernes 13 de marzo de 2020 hasta los profesionales del “nosotros le llamamos” desaparecieron), decidió viajar al mismísimo castillo de Lord Farquaad para saber cómo estaban las cosas en el epicentro económico y político del reino.

Don Kau sabía desde su juventud que, como reportero, no tenía secretos; el espionaje gubernamental sabe más que Dios, los algoritmos de las redes sociales y el psicólogo personal juntos.

Hay quienes confían sus más íntimos pensamientos, virtudes y vicios a sus guías espirituales y a los profesionales de la salud mental. Los comunicadores no necesitan un cura o un psicólogo, su vida y obra es harto conocida en silencio por equipos de inteligencia política y mediática.

Toda llamada telefónica o correspondencia en sus redes sociales y mensajería es sujeto de espionaje. En toda corte, nunca falta una burocracia encargada de espiar la comunicación de políticos, comunicadores y todo aquel con cierta influencia social. Por cierto, ¿Sergio Vadillo Lora, el ex jefe del Despacho del Gobernador en el sexenio pasado se quedó con el poderoso equipo Galileo, adquirido con el erario?

 Bueno, el caso es que el viejo pajarraco escribió:

“Polluelas y polluelos:

Viajaré al Castillo de Lord Farquaad en busca de respuestas y oportunidades. Si les llega una carta mía con tinta negra, lo que diga es totalmente cierto; si lo redacto con mis gotas de sangre, lo que en ella les informe es falso”.

Al cabo de dos largos meses de espera, el buzón del nido recibió su primera carta. Las alitas rompieron de inmediato el sobre, comprobaron que se trataba de la fea letra de su padre sobre el papel estraza con manchas de grasa. Los trazos fueron hechos con el cálamo de su padre en tinta negra:

“Es un placer escribirles. Aquí todo es maravilloso, tenemos a un gobernante que encabeza todas las encuestas de los mundos como el mejor, es el más guapo, el más inteligente: un visionario. El feudo goza de un transporte público de primer mundo y nos posiciona como el destino número uno de las inversiones y el turismo. Aquí, el Coronabicho es casi una gripe, el servicio médico de calidad llega a los rincones más apartados, a las familias más pobres, los hospitales públicos tienen suficientes camas disponibles y cuatro de los cinco indicadores del Semáforo Covid-19 están a la baja. La seguridad pública es de primer mundo, vemos en cada policía al amigo Saidén, y ese tesoro se complementa con un Tribunal Superior de Justicia que garantiza la justicia para todos. En el Castillo, la vida es un festival.

“Los comercios están surtidos, ofrecen precios bajos y ofertas; la comida es abundante; los nidos son amplios y con buena ventilación; en las redes sociales pasan películas y series muy buenas. Pero lo único que se puede conseguir en este Castillo para rellenar mi Lamy es RAVEN NOIR”.

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