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miércoles, junio 23, 2021
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Randy Arozarena, de nuevo en el penal meridano

Antes de regresar a Tampa Bay, el novato sensación jugó un partido amistoso con internos

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Eran poco más de las 11:00 horas del viernes 12 pasado cuando Randy Arozarena, novato sensación de las Ligas Mayores de Béisbol (MLB, por sus siglas en inglés), cruzó la puerta del Centro de Readaptación Social (Cereso) de Mérida. Como gesto de cortesía y amistad, jugó un partido del Rey de los deportes.

Con ropa de entrenamiento y cubreboca, el número 56 ingresó al penal meridano cumpliendo los protocolos de sanidad. Caminó por el pasillo principal mientras los custodios le abrían los candados, uno a uno, hasta llegar al campo.

Para la figura de las Rayas de Tampa Bay, el escenario con el fondo de torretas y concertina no resultó nuevo. Lo hizo en 2015, cuando jugaba en la Liga Meridana, en el despegue de su capacidad y talento lo llevaron a la Liga Mexicana y, de ahí, a la Gran Carpa con los Cardenales de San Luis.

Sus contrincantes, personas privadas de su libertad, lo vieron cruzar el terreno. Con sencillez, devolvió los saludos a distancia a quienes nunca imaginaron compartir diamante con el deportista más valioso de la Serie de Campeonato de la Liga Americana, el que sorprendió al mundo con 10 jonrones y 14 carreras impulsadas en playoffs.

Después de la bienvenida, acomodó su bolsa deportiva, otra con varios bates, un guante y una caja con pelotas que luego obsequió. Cerca de él, su asistente prestaba atención a cualquier detalle. Tomó un bate y calentó un poco para cuidar sus brazos.

Su entrada al campo desató aplausos y el nerviosismo del lanzador (nadie quisiera estar en sus zapatos). Se acomodó, miró fijo al pitcher y, bien afianzado en tierra, se dispuso a batear, pero sólo estaba calentando.

Al principio respondió con el toque algunos lanzamientos y dejó pasar otros. Lo mejor estaba por llegar.

Para la tercera entrada, en su turno a la ofensiva, hizo lo que mejor sabe: mandar a Doña Blanca fuera del campo. Con sonoro golpe respondió al segundo lanzamiento. Sí: sacó la bola por el jardín izquierdo, cerca de un módulo B2, un edificio habitacional. ¡Hasta el equipo contrario aplaudió el batazo! Presenciar en primera fila el sello del astro sin pagar boleto de Grandes Ligas.

En el cuarto episodio, bateó un sencillo que lo colocó rápidamente en primera base. No conforme, buscó robar la segunda base y, haciendo gala de su velocidad y estatura, tomó la posición sin necesidad de barrerse.

No hay quinto malo: en ese episodio volvió a volar la pelota, ahora hacia el lado derecho. Y de nuevo, alegría y celebración, con fondo de barda y torretas. Pegó los cuadrangulares más largos que se han visto en el Cereso de Mérida.

Al término de la séptima entrada, el marcador se encontraba empatado a seis, pero un hit produjo que el hombre en tercera alcanzara home en medio de una corretiza, entre aplausos y gritos de apoyo de Randy, que atestiguaba la victoria de su equipo, con siete unidades.

Ese día, la figura internacional lanzó, bateó, robó en dos ocasiones la segunda base y se divirtió como un niño.

Arozarena se formó en Yucatán desde muy joven. La pantalla grande lució una película biográfica que produjo Wonderfilm Media. Entre sus más recientes declaraciones, manifestó su deseo de representar a México en las Olimpiadas de Tokio, para lo cual solicitó al Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que le otorgue la nacionalidad.

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