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viernes, abril 16, 2021
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Las madres, y las mujeres en general deben autocuidarse

Mariana Beltrán Cortés

En 2018 se decía respecto a los hombres, que las mujeres destinaban 2.5 veces más de tiempo al trabajo doméstico y el doble en el cuidado de otras personas. Esa relación se mantuvo entre 2008 y 2018, pero fue en el último año cuando se señaló que las mujeres dedicaron 22 horas a la semana a las tareas del hogar y 28 horas al cuidado de otros, mientras que los hombres solo dedicaron 8 y 15 horas respectivamente.

De acuerdo con esos datos, antes de que decretaran “quédate en casa” por la pandemia de COVID-19, la mayoría de las mujeres mexicanas ya trabajaban doble y hasta triple jornada.

“Ahora los hogares se ensucian las 24 horas y los 7 días de la semana. Ni que decir de las madres en posparto, o con hijas e hijos en edad escolar, a quienes les ha tocado aprender a ser profesoras en condiciones espaciales y emocionales poco óptimas”.

Para Regina Carrillo, madre y psicoterapeuta, la crianza colectiva o en manada, es clave para no renunciar a parte de su identidad para ser madre de tiempo completo. Desafortunadamente, menciona, no es el caso de la mayoría de las mujeres por distintas cuestiones: a veces porque las ideas responden a que la crianza recaiga en una sola persona, sobre todo en contextos urbanos, pero también porque la pandemia ha hecho que tengamos que aislarnos de nuestras redes comunes.

“En este contexto, si queremos salir bien libradas tenemos que pedir ayuda, necesitamos permitir que otras madres nos ayuden y desterrar este concepto de que la crianza es solitaria, tiene que ser colectiva, eso nos va a quitar el peso de encima en gran medida”.

La crianza colectiva, de acuerdo con Regina, es la que implica de forma inmediata a más miembros de la familia, amigas y amigos cercanos. Otra forma de maternal y una apuesta antipatriarcal en la que no se idealiza el sacrificio de una mujer para cumplir con la crianza.

“Lo fundamental es hacer acuerdos, las madres a fin de cuentas deben tener la última palabra en crianza y educación, porque desde cuestiones legales y a largo plazo, ellas serán las más cercanas a los niños. Por eso si involucramos a otras personas se tienen que establecer acuerdos, no somos adivinas ni tenemos la misma idea de que es lo correcto hacer en distintas situaciones”.

Explicó que de ahí que la idea de la crianza colectiva sea tan retadora. ¿Cómo vamos a manejar esta situación?, ¿cómo vamos a hablar de este tema? En algunos contextos occidentales, urbanos hemos perdido mucho eso y es más fácil decir: aquí la última palabra la digo yo y no tengo porque dialogar con nadie porque yo soy la madre. Y sí, repito, la madre tiene la última palabra, pero la idea de la crianza colectiva también incluye el cuidado de las maternidades.

“Ser recelosas de nuestros espacios, practicar la solidaridad con otras madres, otras mujeres, en el cuidado de los hijos y las hijas. Es un llamado para las personas alrededor que tienen una amiga, hermana, que es madre. Les apuesto que la está pasando difícil. Pregúntale que necesita e insístele, y a veces lo que necesita no solo es que te tomes un café con ella, sino que le ayudes a lavar los platos”, añadió.

Regina expone que colectivizar los espacios aligera a las mujeres que cuidan, física, logística y emocionalmente; lo que les da tiempo para sí.

“Si te encuentras en un espacio muy limitado, eso puede contribuir a la tensión de los miembros de la familia aún más, sin escapatoria. Merecemos un rato de escapar de nuestras redes también, sobre todo cuando hablamos de la familia, que son vínculos no elegidos y con las que a veces se vuelve muy difícil de lidiar. Procurarse al menos 2 veces a la semana hace mucho”.

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