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sábado, abril 17, 2021
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Alumnas y exalumnas desnudan red de pornografía infantil en la preparatoria «Carlos Castillo Peraza»

Mariana Beltrán Cortés

En la Preparatoria Estatal No. 8 «Carlos Castillo Peraza», Magali conoció en carne viva la violencia de género. Fue víctima de una red de pornografía infantil creada por compañeros de su clase y jóvenes que decían ser sus amigos.

Como ella, por lo menos en primer año de ese bachillerato del fraccionamiento Francisco de Montejo, conoció a tres compañeras más, cuyas fotografías íntimas eran difundidas sin su consentimiento y con ello extorsionadas. En ese momento todas eran menores de edad.

Tres años después de haber egresado e impulsada por el deseo de lograr mejores condiciones para las nuevas generaciones, ayer domingo —junto con otras 40 alumnas y exalumnas— se manifestó en la puerta de la preparatoria para exhortar a las autoridades directivas y administrativas romper el pacto patriarcal y actuar ante la red de pornografía infantil, así como los casos de acoso, hostigamiento y abuso sexual en la escuela.

Con pancartas, mantas, garrafones y panderetas, las jóvenes partieron del parque La Capilla y recorrieron las calles aledañas hasta llegar a la Escuela Estatal No.8. Estando allí advirtieron que no están dispuestas a seguir callando las violencias que alumnos, profesores y prefectos perpetúan contra ellas y siguen impunes.

Vecinos, transeúntes, automovilistas y locatarios de establecimientos de comida se mostraron extrañados con una demanda que cada día se hace más común en todos los espacios: el alto a la violencia de género.

Pero a las jóvenes eso poco les importó. En las puertas del plantel educativo cantaron el himno feminista “canción sin miedo”, entonaron consignas y nombraron a cada uno de los agresores conocidos por las alumnas.

«Muchas de nosotras somos egresadas y nos quedamos calladas porque no supimos como actuar ni reaccionar por miedo, sentíamos que era nuestra culpa por haber confiado en una pareja, en un amigo y también, lo cierto es que no todas esas fotos eran de alguna de nosotras a pesar de que decían que sí y nos extorsionaban con eso», mencionaron para VeinteVeinte.

Comentaron haber visto y oído como sus compañeros ofrecían pasarse fotos de “packs” en un chat de WhatsApp y carpeta de Google Drive. “Era muy común pasarse las fotos como si fuéramos tarjetas de cambio y también no solo se apropiaban de nuestras fotos íntimas, sino que capitalizaban con nuestra historia, contando cómo las obtuvieron y tachándonos de «putas» y «zorras».”

Sin embargo, “ahora que nos atrevemos a hablar y nos apropiamos de nuestra historia, nos damos cuenta de que no fue así. Que muchas de nosotras confiamos en alguien y esa confianza fue traicionada. Pero es hasta años después que nos dejamos de sentir culpables y nos atrevemos a contarlo, mientras nuestros agresores siguen con su vida normal.”

Ya estando agrupadas, señalaron que por lo menos conocen los casos de 20 alumnas, cuyas fotografías fueron difundidas sin su consentimiento, principalmente por compañeros de sus generaciones y ahora se encuentran en la red de pornografía “Packs de México”. Algunos casos fueron denunciados con las autoridades de la escuela, no obstante, no solo no fueron atendidos, sino que quienes denunciaron fueron revictimizadas.

Además, alumnas expresaron ser acosadas por los prefectos, cuando iban a sus clases de deporte o simplemente entraban a la escuela. Ese hostigamiento también se daba en Instagram, donde a algunas de ellas les llegaron a hacer invitaciones para salir e insinuaciones con connotación sexual.

El proceso para asimilarlo fue de suma complicación para quienes expresaron haber sido agredidas psicológica, verbal y físicamente, sobre todo porque sus compañeros de aula fueron cómplices de esa red de pornografía y bullying.

Hay quienes han tenido intención de denunciar, sin embargo, temen que nos les crean o les pidan pruebas. Temen ser revictimizadas por el sistema de justicia y sus familiares.

Actualmente no existen materias sobre género, un protocolo para atender estos casos ni atención emocional o canalización con alguna institución. Esas son parte de las demandas que exigieron las alumnas a las autoridades de la escuela estatal «Carlos Castillo Peraza».

Finalmente, regresaron al parque La Capilla, donde colgaron en un tendedero sus denuncias y abrieron el micrófono para hablar, cantar o simplemente dedicar unas palabras a sus compañeras presentes.

Cabe destacar que la policía estuvo tomando fotografías a las manifestantes, vigilándolas y cuestionándolas, aún cuando su protesta fue pacífica.

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