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miércoles, junio 23, 2021
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¿Y nuestros derechos como mestizos?

William Casanova

Ni remotamente creemos en los horóscopos. Mi compadre Rafael Mis Cobá, decano y reportero fundador del periódico Por Esto!, es un emprendedor; en uno de sus proyectos editó una revista en la cual me enseñó cómo escribir de forma tal, que cada lector interprete las voces de los astros y del destino.

Pero por azares del destino nos encontramos un selecto grupo con un común denominador: todos nacidos un 19 de noviembre. Escorpiones de la uña a la pinza: intuitivos, reflexivos, callados, con pocos elegidos en el primer círculo de amigos, leales, kamizases dispuestos a morir por el prójimo.

No sé si las explosiones del 19 de noviembre, en San Juan Ixhuatepec (San Juanico, seguro lo recordarás por la canción de Alex Lora) de 1984, alinearon los espíritus hacia personas que no se pueden engañar entre sí: personalidades magnéticas que atrapan por su delicado olfato. Bueno, ya chole, al grano: me complace compartir en El nido del Kau directo desde Tizimín, la pluma de un Escorpión Mayor, el asesor jurídico y político Paulo César Mendoza Escalante, en exclusiva a esta comunidad reflexiva, un texto imperdible, que merece el honor de nuestra lectura:

La resolución de la sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de anoche, lesionó los derechos cívicos y políticos de Alpha Tavera Escalante, Jorge Canul Rubio y Liborio Vidal Aguilar. Y deja en desamparo y violenta directamente el derecho que tienen de votar y ser votados miles de mestizos que vivimos en el distrito federal uno de Yucatán.

Basados en la aplicación de la ley, los magistrados dejaron de observar la justicia que debería prevalecer aún por encima del Derecho, toda vez que la ley en cuestión resulta falaz y caprichosa para servir solamente a los intereses de unos cuantos que se han incrustado en un falso proyecto de defensa de los derechos de los indígenas.

Es probable que en otras partes del país aún coexistan los dos grupos étnicos que mediante la resolución el supremo tribunal crea mediante su resolución en Yucatán, e impone con su fallo prebendas a uno de los grupos y deja en desamparo a miles que formamos el otro grupo, pero vale la pena decir que en Yucatán después de la Guerra de Castas comenzó junto con el nuevo siglo XX la formación de una sociedad con unificación de culturas y criterios, una comunidad con un hermanamiento ciudadano, un respeto mutuo a las culturas y tradiciones de ambos y una nueva etapa de paz y armonía en la vida de Yucatán donde ya no era posible diferenciar con exactitud a un grupo del otro pues nos homogeneizamos y nos volvimos uno solo.

Jamás los yucatecos imaginamos una gobernadora indígena, a muchos nos pareció más un carnaval que una estructura indígena real. Acostumbrados a ser y a vivir todos en igualdad, lo mismo se sentaba un Cocom en la banca del parque de Valladolid que un Fernández, lo mismo estudiaba en una escuela pública o privada un Xiu que un Pérez, el mismo servicio se le deba en un establecimiento mercantil a un Pech que a un Lira, nosotros los yucatecos ya habíamos superado esa injusta y estúpida división que hace dos siglos atrás nos llevó a las armas.

Juntos disfrutamos y preservamos nuestras tradiciones, nos sentimos orgullosos de nuestra gastronomía y sin distinción todos ocupamos lugares en nuestra sociedad, en la cultura y en la política.

Pero una vez más desde el centro del país nos llega un flagelo que vino a lastimar la pacífica y ordenada vida yucateca, una decisión tomada sin valorar la unidad y la realidad cotidiana de nuestros pueblos, una sentencia que nos deja a miles de mestizos sin el acceso y disfrute de un derecho constitucional como lo es el poder ser votado.

Mayo de 1901 puso fin a la Guerra de Castas. Casualmente, otro mayo, 120 años después, un tribunal nos condena a los mestizos a perder en la segunda Guerra de castas”.

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