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miércoles, junio 23, 2021
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Amarga luna de miel

William Casanova (*)

Entre las cosas buenas que he encontrado en el camino de la reporteada destaca el cariño y respeto de compañeros como don Jaime Tetzpa Sayas, admirador número uno de The Doors, lector del maestro Ryszard Kapuscinski, cinta negra en karate, un profesional de la comunicación con muy buena educación.

Don Jaime me habló una vez por teléfono y me invitó a colaborar como editorialista. Me habló dos veces más. Me habló otra vez, en diciembre de 2018, ahora sin tanta paciencia: “¡Deja de patear la pared desde tu hamaca y escribe!”

En este jueves comparto mi agradecimiento a Jaime Tetzpa, quien publicó sin censura “El nido del Kau” durante 2019 y parte de 2020, año cuando la negra pluma mudó a VeinteVeinte.

Hace casi un año, el 27 de mayo de 2020, en la sección editorial del periódico La Verdad se leyó el siguiente cuento, bajo el título “Amarga luna de miel“:

“En el clímax de la telenovela, el Obispo preguntó “¿Alguien se opone a este enlace?” El Gobernador panista y el Cenador priista, embriagados de felicidad, quedaron petrificados en el altar cuando los yucatecos gritaron YO ME OPONGO a un concubinato que, en menos de dos años le impuso una deuda pública de $4,120 millones, y se frotaba las manos para despacharse otros $1,728 millones.

Amasiato basado en la complicidad, no en el amor, la pareja eligió matrimoniarse en la LXII Legislatura local. Separó los lugares de preferencia para sus eternas damas de honor (presidentes de cámaras empresariales, secretarios generales de sindicatos, boletineros), toda una corte que juró en el altar que la novia llegó con el himen impoluto.

El bello Bayardo San Román confió ciegamente en la empalagosa miel de una Ángela Vicario que le juró amor eterno, el presupuesto a disposición personal y una alternancia de terciopelo en el año 2024.

“Cuando termine tu sexenio, conmigo tendrás seis años más de bonanza para la economía de los amigos y la familia –zumbó la promesa–, no te preocupes por la boda, Bebé, tengo todo bajo control”. Todos en el pueblo sabían el desenlace del apareamiento, menos los amantes furtivos.

El deseo carnal nubló la razón de los contrayentes, se creyeron sus propias mentiras, ensoberbecidos por los aplausos, los poemas de los loros y jilgueros mantenidos en jaulas de oro, con el alpiste del erario. Y, en especial, el canto de la sirena especialista en boquetes financieros al erario, don Ulises Carrillo, flamante periodista y asesor gubernamental.

Ni los amantes, ni sus damas de honor (y menos Ulises) escucharon a un Yucatán harto de la fusión de la ambición con la corrupción. No pudieron ante el canto de los jilgueros que contaminó el recinto nupcial. Chayoteros, no comunicadores, que alejaron a los contrayentes de una sociedad harta del Hermoso y su concubina con amplio historial de prostitución.

Una pantera que escogió a un joven, bello e inmaduro mandatario para satisfacer sus ambiciones personales.

El olor de su miel no esconde al tufo de putrefacción, corrupción y ambición que lo ha acompañado en su trayectoria pública. Escogió para sus planes a un inmaduro puberto que, en menos de dos años en el trono, es incapaz de escuchar y leer la realidad.

correo electrónico: [email protected]

(*) Reportero

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