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miércoles, junio 23, 2021
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En la ciudad de la farsa

William Casanova (*)

En un país donde ningún servidor público respeta la Constitución (y las normas que de ella emanan), esa Carta Magna que juraron respetar y hacer respetar con la palma de la mano derecha al frente, las dos leyes más respetadas son las del mínimo esfuerzo y la de la oferta y la demanda.

Finaliza (¡por fin!) la campaña más farsante del teatro político mexicano en la historia moderna. Perfectamente resumida en la frase: “Los electores nunca habíamos tenido tanto de dónde elegir y tan poco para escoger”.

Una casta de parásitos se empeña en mostrar una realidad ajena a ellos mismos: fotos truqueadas para esconder imperfecciones físicas y la huella del tiempo; discursos huecos, incongruentes con la trayectoria de quienes los balbucean; ruptura de acuerdos políticos y jurídicos como las candidaturas indígenas, con respeto a la equidad de género; payasadas en vídeo; autoridades electorales pusilánimes, al servicio de intereses políticos y no del ciudadano.

La cereza de ese pastel fue una teleconferencia que organizó el “instituto electoral rosas moya” y que los diez candidatos a alcaldía de Mérida vendieron como “debate”. Una decena de borreguitos con el mismo guion, cada uno por su lado se proclamó “ganador” de la misma. Las encuestas promovidas los aporreó con la realidad: al menos un 65 por ciento de los meridanos no tuvo el mínimo interés en esa farsa que los partidos actuaron en el proceso electoral 2021.

Pero está el otro lado de la moneda: hay un 35 por ciento de la comunidad que sí cree necesario financiar con nuestros impuestos una red institucional, oficial o gubernamental que aprovecha el mínimo esfuerzo de los ideólogos sumado a la venta de espejitos de los expertos mercadólogos electorales.

Cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Cada electorado tiene los candidatos que se merece. Cada panista tiene al priista palaciego que se merece. Ese 65 por ciento de meridanos hartos de los políticos son mayoría, ¿lo entenderán el próximo domingo 6?

Posteriormente, el Consejo Coordinador Empresarial de Yucatán prometió “un verdadero debate” y tiró al bote de la basura su experimento cuando canceló la transmisión en tiempo real de los comentarios, donde estaba la verdadera riqueza popular.

El temor a una ofensa o un insulto impuso la censura empresarial y ese foro perdió todo su encanto. En su momento más interesante, no levantó más de 1 mil 400 espectadores en tiempo real. Lástima, si los nuevos doctores en mercadotecnia electoral supieran que la voz del pueblo es la voz de Dios, otra historia estaríamos escribiendo.

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(*) Reportero

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