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miércoles, junio 23, 2021
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¿Hemos perdido la educación laica?

Dr. Enrique Rodríguez Balam (*)

Cuando hablamos de laicidad, nos referimos a Estados que se concibieron como fundamento de grupos liberales para garantizar la libertad de culto. Hablamos de tolerancia religiosa, libertad y respeto a los Derechos Humanos. Las Leyes de Reforma, por ejemplo, sirvieron para desbrozar el terreno sobre el cual iniciaron su avance las iglesias protestantes, en detrimento de la hegemonía que hasta ese entonces ostentaba la Iglesia Católica.

Quizás por ello no sea obra de la casualidad que año con año, en la conmemoración del natalicio de Benito Juárez, diversas confesiones protestantes marchen hasta su monumento en el parque de San Juan para dejarle arreglos florales.

Por lo tanto, es erróneo pensar que el Estado laico promueve el ateísmo, o peor aún, que condena credos religiosos. Todo lo contrario: la ley de libertad de cultos defiende la idea que cada persona puede elegir y practicar la religión que desee. Por ello, conviene establecer una distinción entre Estados confesionales, Ateísmo de Estado y Estados laicos. Costa Rica, por ejemplo, es el único país de América que, en el apartado 75 de su Constitución de 1949, establece al catolicismo como su religión oficial.

Por otro lado, y si de ateísmo de Estado hablamos, habrá que echar un vistazo a la historia para recordar que países como Cuba, la Unión Soviética, la República Federal Socialista de Yugoslavia, entre otros, fueron Estados anti confesionales. Hoy en día, 161 de los 193 estados miembros de la ONU, se declaran estados laicos. Precisa recordar, ya metidos en ello, que México fue el primer país cuya Constitución estableció el laicismo estatal.

Por tanto, al hablar de educación laica, debemos hacerlo referido a un sistema independiente de cualquier elemento religioso, que se basa en el conocimiento científico. Es decir, ningún sistema educativo bajo un Estado laico puede utilizar religión, creencia o variante de espiritualidad alguna, como sustento epistémico metodológico en el proceso enseñanza-aprendizaje.

Nadie se gradúa como ingeniero o químico apelando al catecismo como base de sus conocimientos. En ese sentido, ni el Estado ni la educación, vulneran su laicidad porque está garantizada por la Constitución mexicana, pero también por el sistema educativo que se construye sobre las bases del Estado.

Sin embargo, lo anterior no excluye el hecho que algún docente, bajo una mala interpretación o bien, pudiendo extralimitar su libertad de cátedra, incurra en actitudes que resulten incómodas para quienes reciben su formación escolar. Bajo un contexto así, tan molesto resulta un profesor que insista en leer la Biblia en clase, como el que un docente ponga a meditar a sus alumnos, o que un catedrático enseñe agronomía con un saastún para predecir dónde sembrar.

No obstante, y en honor a la justicia, también deberíamos reconocer que en las instituciones educativas más prestigiosas de este país han transitado sacerdotes, teólogos, académicos protestantes, maestros de pueblos originarios con valiosos saberes, así como grandes pensadores ateos. Tan afortunadas convergencias, sólo se pueden entender gracias a la existencia de un Estado laico, a un marco de tolerancia religiosa y no a uno de discriminación.

Por lo dicho hasta el momento, considero que no debemos preocuparnos por la ruptura del Estado o la educación laica, siempre que no se vea transgredida por imposición del mismo Estado y su sistema educativo. No obstante, sí debemos estar alertas ante cualquier persona que dentro del contexto formativo se deje guiar por la ignorancia, la falta de respeto, el hostigamiento y la intolerancia. Eso siempre será reprochable.

Por ello, es necesario seguir con la construcción de vías institucionales en estricta vigilancia hacia este tipo de conductas para sancionarlas y evitar que ocurran por parte de directivos, docentes, pero también de alumnos.

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(*) Mexicano, Licenciado en Ciencias Antropológicas con especialidad en lingüística y literatura, Maestro en Antropología Social,  Doctor en Estudios Mesoamericanos e investigador del Centro Peninsular en Humanidades y en Ciencias Sociales, UNAM; autor de los libros “Pan agrio, maná del Cielo: etnografía de los pentecostales en una comunidad de Yucatán”, “Entre santos y montañas: pentecostalismo, religiosidad y cosmovisión en una comunidad guatemalteca” autor de poco más de una docena de capítulos de libros y artículos entre los que figuran, “De diablos demonios y huestes de maldad. Imágenes del Diablo entre los pentecostales de una comunidad maya” (2006), “Religión, diáspora y migración: los ch´oles en Yucatán, los mames en Estados Unidos” (2009), colaborador en un capítulo del libro “La UNAM por México” (2010) y recientemente publicó para la revista Brasileña Biotemas “Apicultura, entorno y modernidad en localidades de Yucatán, México” (2015). En fechas recientes, fue entrevistado para participar como especialista para National Geographic Latinoamérica en la serie “Profecías”. Ha impartido cursos a nivel de licenciatura, maestría y doctorado en diversas universidades, así como conferencias, charlas, seminarios y diplomados en México y el extranjero con temas relativos a discusiones sobre los pueblos contemporáneos del área maya, particularmente de Yucatán y Guatemala. Consultor en el área de Ciencias sociales para instituciones privadas y públicas sobre temas relativos a Innovación social, tecnológica, así como estudios de impacto social y de biotecnología.

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