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miércoles, junio 23, 2021
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Nueva cepa mortal en Yucatán

William Casanova (*)

A unas horas del inicio del conteo oficial de los votos emitidos en Yucatán el pasado domingo 6, el siempre ocurrente gerente de Subway impuso de nuevo restricciones a la movilización social, imposiciones y caprichos que desde 2020 permite al hampa gubernamental y sus socios del crimen organizado moverse a sus anchas, con total impunidad, al amparo de las sombras y calles desiertas de ciudadanos.

Los millonarios asesores palaciegos convencieron a su inmaduro gerente de forzar el semáforo amarillo para impulsar la campaña electoral durante tres semanas de locuras de tiktok, fosfofosfos, matrimonios de conveniencia.

Y el resultado del falso semáforo amarillo en cifras es inobjetable: Yucatán pasó en un promedio diario de 117 a 154 contagios confirmados, de 23 a 33 (un 43%) los ingresos hospitalarios y disparó la ocupación hospitalaria de 167 a 266 camas, además de un alza de 132 camas en los últimos días.

El bello emperador se dice inocente de sus locuras. Culpa a los jóvenes de 16 a 39 años de haber contribuido al 70.2 por ciento de los contagios en este rebrote.

A falta de youtubers que le menten la madre, ahora sale con otra estupidez: dice que el crecimiento de contagios que acompañó su semáforo amarillo es una situación atípica y el gobierno del Estado de Yucatán ya considera ¡la posibilidad de la presencia de una nueva cepa del virus! Hasta envió al Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológica (INDRE) muestras de los últimos contagios para confirmar su teoría.

En efecto, esa nueva cepa del mal se llama Imperium genocidal, infectada con lo más mortal de los rosasmoya, saidénojeda, milletencalada, ticoreyes y otros microácaros que, con tal de satisfacer sus intereses personales, no le importan las decenas de muertes, los cientos de contagios que dejó su campaña electoral con tal de movilizar día y noche vehículos y personal oficial para el reparto de despensas, carne, material de construcción y otras atrocidades que los ciudadanos desnudaron en las redes sociales.

Las brigadas de la Secretaría de Salud de Yucatán, del Instituto Nacional Electoral y del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Yucatán estuvieron sordos, ciegos, mudos, torpes, trastes y testarudos ante lo que cualquier yucateco vio y denunció: reuniones masivas sin sana distancia, las batucadas, el sudor, los estornudos, la borrachera electoral con total impunidad, cierres de campaña de miedo.

A nadie se le obligó a salir, pero las autoridades sanitarias y electorales debieron mostrar al menos un intento de salvar la salud de los yucatecos por encima de las ocurrencias del pequeño emperador. Pero eso ya sería avaricia.

Por supuesto, la cúpula genocida de Palacio de Gobierno, interesada en los votos y no en salvaguardar la vida humana, no tiene exclusivamente la culpa. Así como profesores, alumnos y cientos de generaciones de abogados permiten que la gerencia de Subway aplique las leyes de acuerdo con su estado de ánimo, la comunidad médica nos queda a deber (una gran deuda) en los asuntos de salud pública.

Ya basta de un gobierno yucateco que, ante una situación tan grave como lo es una pandemia mortal, se la pase de ocurrencia en ocurrencia sin que la comunidad médica yucateca diga nada ante esas mortales decisiones gubernamentales.

Por respeto a la Constitución y las leyes que de ella emanen, en Yucatán se debió instalar desde el inicio de la pandemia el Consejo Estatal de Salud, una figura que coordina esfuerzos de los tres niveles de gobierno y representa a los verdaderos expertos en salud pública, no ese club de cuates llamado pomposamente en los boletines gubernamentales “Comité de expertos de salud”, cuya única función es avalar y respaldar las locuras del emperador.

Y aquí vamos de nuevo con sus locuras, fruto del enojo que le causó la votación dominical: contra lo que su equipo de asesores de lujo pronosticó, su principal adversario político, el panista Renán Barrera Concha se alzó con un triunfo indiscutible, de 20 puntos porcentuales por arriba del candidato palaciego, el tal “gordito Marín”, y cachetada con guante blanco, como efecto del triunfo de Barrera, el PAN recuperó su dominio en el Congreso.

La gente votó por su futuro y eso lo sabe el pequeño emperador, que desde el lunes inició la cuenta regresiva de su pésimo gobierno de oropel, ocurrencias, endeudamientos y robo de los bienes públicos para los cuates.

El gerente de Subway sabe que es altamente probable que el próximo gobernador sea su gran adversario panista y de nada le servirá la aplanadora de ese instituto en sus planes de mas endeudamientos, presupuestos amañados, cero rendición de informes anuales, oscuras cuentas públicas en la próxima legislatura. Los futuros diputados saben que rendirán cuentas al próximo titular del Ejecutivo, no a éste bello bebé que ya está de salida.

Renán es el futuro, Vila el pasado rancio que, cual Caballo de Troya, irrumpió en la vida política local disfrazado de panista, que engañó a las pubertas (y uno que otro puberto de Tizimín) con sus bellas facciones.

Desde el domingo Lord Farquaad está muerto políticamente pero no lo sabe. El electorado le tiene preparado un nicho junto a su maestra en viajes, vida de jet set, boquetes al erario y de influencer; el bello títere está por alcanzar un repudio social que sólo detenta doña Ibom.

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(*) Reportero

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