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jueves, septiembre 23, 2021
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Alegría de los aruxes al cosechar las piñas

Una fruta que puede paliar los efectos del temible virus del Covid-19, señalan expertos

Bernardo Caamal Itzá

Esta mañana, las aruxitas (como le digo a mis hijas, en alusión a los duendes del Mayab), se asombraron al ver tantas piñas maduras en la misma mata.

Ellas saben de la importancia que tiene esta fruta para salud, ya que es muy buena para la digestión e incluso para paliar los efectos de la COVID-19, gracias a su vitamina C y la bromelina, una enzima que descompone las proteínas, lo que ayuda con la digestión y múltiples estudios concluyen que también podría ser útil para tratar la osteoartritis.

La cosecha de las aruxas

Estudios resaltan que la bromelina en la piña ayuda a reducir la coagulación excesiva de la sangre, lo que es excelente para las personas en riesgo de coágulos sanguíneos, como por ejemplo aquellas que se contagian de la COVID-19.

Además, se sabe que la bromelina reduce la mucosidad en la garganta y la nariz, según el Centro Médico de la Universidad de Maryland. Entonces, lo que aclara que ayuda a prevenir y aliviar los síntomas de una infección respiratoria. Y para quienes tienen alergias, incorporar la piña en su dieta con más regularidad, reduce la mucosidad sinusal a largo plazo.

Agradecidos con los regalos de la madre Tierra

A lo largo de estos años, mi familia me ha acompañado a cultivar la tierra; mis hijas han visto de cerca el manejo que le damos a nuestros cultivos, entre ellas a la piña.

Entre que trabajamos la tierra, les explico las características del k’ankab:, se ve buena a primera vista, pero si la escarbas, descubres que carece de materia orgánica. Muchos cultivos no logran prosperar en esos suelos; hay que darle materia orgánica y manejo para lograr el éxito.

Los suelos k’ankab tienen mucha arcilla y varias capas. Cuando uno escarba los primeros 10 centímetros, aparece una de las más duras, es de arcilla; conforme profundizamos disminuyen las raíces, incluso en tiempos lluviosos es posible encontrarlos muy secos, lo que confirma que con mucha dificultad pasa el agua.

Entonces, en el k’ankab incorporamos prácticas de composta para mejorar su calidad. Las aruxas me apoyan, ellas ya conocen cómo se comportan estos suelos y su relación con la calidad de crecimiento y de producción de los cultivos.

Mientras sembramos las matas de la piña y ellas aprenden su manejo, aprenden que es una planta resistente a la sequía, pero ojo: si el estiaje se prolonga mucho, el estrés que le ocasiona afectará su crecimiento, incluso con la calidad de la fruta.

Siempre platicamos la importancia que los frutos maduren directamente en la mata, pues así se logra la calidad deseada, de acuerdo con su ciclo natural. Claro, hay qué saber si las frutas son climatéricas o no, porque en el caso de la primera es posible hacer el corte, y la fruta continúa madurando, mientras que la otra, no, y es posible observar en cuanto a la calidad y el sabor del producto.

Las aruxas saben esperar la madurez directamente en la planta, para lograr las características especiales en sabor y dulzura. En Yucatán, la fruta no espera mucho tiempo en anaquel, es posible que tenga problemas en pocos días, lo que significa que hay que crear una cultura de consumo local y de igual forma los consumidores sepan distinguir el tipo de productos que consumen.

Además, es importante promover formas para que el consumidor los adquiera directamente con el productor, eso disminuye costos. Así, el producto no transita largos recorridos, que gastan mucho combustible para su traslado; desde nuestra actitud de consumo apoyamos campañas que eviten el deterioro del medio ambiente.

Las aruxas aprenden las cabañuelas mayas.

Nuestra alegría de hoy, es que, durante estos años, cuando los hijos me acompañan en los diversos eventos campesinos, como los trabajos de investigación en torno al xok k’iin, y del manejo de la tierra de acuerdo a las condiciones en que se encuentra, aprenden y de alguna forma reciben experiencias que serán fundamentales para su vida.

Contento con verlas, con esa alegría bajar los productos de la tierra, acarrearlas hasta el triciclo y luego promover esos productos entre sus amigos. Ahora, que estamos en tiempos críticos, el autoempleo usando conocimientos locales es fundamental para estos días y para los próximos años.

Inayatah adora la repostería con sabor a frutas del solar

Orgulloso estoy de mi hija Amayte, cuyo nombre en maya se relaciona con el concepto Aj, alguien en la vida, y Mayte, aquello que pasa por un tamiz: lo que pase, le será de utilidad. Ella está por concluir su carrera profesional en gestión empresarial del Instituto Tecnológico Superior del Sur de Yucatán (ITSSY).

Su hermana se llama Inaytah, del concepto maya In, que se relaciona más con nosotros y Naytah, que se relaciona a los sueños y metas. Ella estudia en la misma institución pero en la carrera de Desarrollo comunitario, y es la encargada de observar, registrar y procesar los datos del Xok k’íin, un trabajo que hacemos hace 16 años con la colectividad maya en el sureste mexicano.

Durante los últimos meses, hemos padecido los efectos directos e indirectos de la pandemia. En nuestro caso, nos ha mantenido más unidos en el trabajo y en la investigación; en familia, analizamos los diversos aspectos del sistema productivo, aunque en mi caso, desde que estudié en la Universidad Autónoma Chapingo, cuento con una biblioteca especializada en agronomía, y ahora esos libros son de gran utilidad para ellas en estos tiempos críticos.

La familia, más unida que nunca en la pandemia

Tengo claro que prácticar los conocimientos adquiridos, la experiencia, es fundamental. Lo mejor de todo es trabajar con un enfoque local, y por eso empleamos los conocimientos locales. No contamos con sistemas de riego, pero practicamos nuestras experiencias, tal y como viven y trabajan millones de campesinos en México, y en este día, mi alegría fue observarlas bajo la lluvia, ¡no la ven como mal tiempo, entre lluvias bajan y comercializan sus productos!

Así que hoy, al cortar las primeras rodajas de piña, entre risas y pláticas del significado del convivio, el olor de fruta impregnó la atmósfera familiar. Estoy seguro que estos olores recordarán para siempre a las aruxas apostar al trabajo de la tierra y creer siempre que habrá oportunidades en medio de la desesperanza.

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