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jueves, agosto 5, 2021
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Casas de transición hacia la autonomía

Cecilia Abreu

¿Por qué surgen estas casas?

México es un país que vive la violencia de género en forma desmedida y, aunque se quiera pintar de blanco a la ciudad capital de Yucatán, la verdad es que no es la diferencia ante la problemática. Pero la Red Nacional de Refugios (RNR) A.C., con gran esfuerzo, actúa para que las mujeres se reconozcan como sujetas de derechos.

Tan solo desde enero hasta mayo de este año, con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), las llamadas de emergencia relacionadas con violencia contra la mujer ascendieron hasta mil 47 en Yucatán, sumando 66 por abuso sexual, 60 por acoso u hostigamiento sexual y 23 por violación.

Con mayor incidencia, las llamadas por violencia de pareja ascendieron hasta mil 543, ocupando la posición 14 en todo el país y la violencia familiar alcanzó las mil 554 en estos primeros cinco meses del año.

Dadas las circunstancias, Wendy Figueroa Morales, directora general de la RNR explica que el brindar atención a las féminas únicamente por medio de los refugios ocasiona que el 30 por ciento de ellas regrese con sus agresores luego de sus tres meses en las casas de protección.

Pero señala que la realidad es que regresan, no porque lo deseen, sino porque la misma violencia sistemática (falta de empleo digno, vivienda, etcétera) les ocasiona dependencia económica y esto fue algo que descubrieron en el seguimiento post refugio, pues las mujeres les comentaban que intentaron implementar el proyecto de vida que se propusieron durante su estancia, pero les resultaba muy difícil adaptarse a las condiciones laborales, por no contar con espacios de cuidado para sus hijas e hijos.

“No hay una política de reinserción o, más bien, me gusta llamarle de acceso a la ciudadanía para las mujeres sobrevivientes de violencia”, ya que el mantenimiento de una vivienda es complejo por el coste de las rentas y los procesos burocráticos; es así que deciden implementar el modelo que integra: casas de emergencia, casas de transición y centros de atención externos.

“No es solamente el espacio en donde están ellas tres meses, que es muy valioso, por supuesto, pero que sin la casa de transición no puedes garantizar el ejercicio de ciudadanía de las mujeres y su independencia y eso me parece que es super clave porque es lo que buscamos cuando hablamos de eliminar la violencia contra las mujeres, niñas y niños; implica también garantizar su autonomía, independencia y empoderamiento como sujetas y ciudadanas de derecho y eso lo logra hacer una casa de transición”, abunda.

Una de estas casas, dirigida por la RNR para complementar el modelo en Mérida, ciudad capital de Yucatán, que cuenta con dos refugios, será integrada en los próximos meses, siendo octubre su fecha límite para ya contar con esta nueva oportunidad de independencia y autonomía para las mujeres.

¿Cómo operan?

En estos espacios pueden permanecer durante seis meses y, aunque si alguna llega a requerirlo puede regresar, “hasta ahora ha sido nulo el reingreso a una casa de transición” y hay algunas que no llegan a cumplir el tiempo y deciden irse para comenzar su proyecto de vida, “por eso les llamo el puente hacia la autonomía”.

Para Figueroa Morales, una casa de transición es una parte del engranaje en este modelo para la prevención de feminicidios, por medio del cual, les brindan hospedaje y todos los servicios (agua, luz, teléfono, internet, gas) sin costo durante el tiempo que permanezcan allí, para que puedan conseguir un trabajo o realizar sus emprendimientos, mientras aprenden a manejar sus finanzas.

Cuando llegan a la casa, si aún no cuentan con un empleo, se les provee con alimentos y enseres de higiene personal por 15 días, únicamente en lo que logran generar sus propios ingresos para comenzar a hacerse de dichos artículos por sí mismas; si ya cuentan con entradas, desde el principio se hacen cargo de su propia despensa.

Además, cuentan con acompañamiento de especialistas como trabajadora social, psicóloga y guardias de seguridad que únicamente son un apoyo para fortalecer su ciudadanía, empoderamiento, manejo de finanzas feministas, así como el fortalecimiento emocional, físico si lo requieren y apoyo legal de ser necesario.

Su permanencia allí es libre, “pueden ir y venir como quieran”, solamente respetan la hora de entrada máximo a las 21 horas, por seguridad y también ellas mismas deciden cuándo finaliza su proceso ahí (con el plazo máximo de seis meses). “Se vuelve una aldea colectiva de mujeres en donde todas se acompañan”.

Una vez que deciden que es momento de partir para comenzar los planes que se han trazado, la asociación les brinda el “apoyo violeta” que consiste en una compensación de hasta 15 mil pesos para evitar situaciones de dependencia; pueden utilizarlos para emprender, para la renta o como les sea necesario.

Aunque Wendy Figueroa celebra que hay muchas que no lo aceptan o les piden que solo las ayuden a vestir sus casas, “es un proceso transformador, de vida, de toma de decisiones, de reconocimiento de sus capacidades y de un manejo de finanzas que no se nos ha dado”.

El impacto con las casas de transición es favorable, pues encuentra que ahora las mujeres, además de implementar su proyecto de vida, tienen menos probabilidades de regresar con su agresor.

Con esta transición, señala que la cifra de quienes vuelven con su agresor disminuyó hasta la mitad, es decir, 15 por ciento, y quienes lo hacen establecen nuevas reglas y acuerdos, manteniendo que la violencia no es una forma de relacionarse, que su independencia y el ejercicio de su ciudadanía y derechos son necesarios.

Pero luego de la casa continúan con un proceso de seguimiento en los centros de atención externa.

Cronología hasta consolidarse como hoy en día

Cabe mencionar que fue en el 2010 cuando empezaron a implementar las casas de transición al modelo, sin embargo, no duraban más que uno o dos años por falta de financiamiento, ya que continúan sin estar en la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, y aunque lograron ponerlas en el Modelo Oficial del 2011, solamente fueron nombradas, no se desarrollaron como un mecanismo por falta de financiamiento.

Además, este tipo de lugares tomaron mayor importancia en 2019, luego de que los espacios para los cuidados, como las estancias infantiles, se debilitaron demasiado con la falta de presupuesto del gobierno; aunado a ello, la COVID-19 agudizó más el problema.

Y, aunque desde 2013 implementaron una casa operada por la RNR y se ha mantenido con sus propios recursos, fue hasta el 2020 que lograron un financiamiento con la Unión Europea, lo que les permite tener más casas, incluyendo la de Mérida.

Otros datos

Es de considerar también que, a nivel nacional, entre enero y mayo de 2020 hubo 85 mil 447 presuntos delitos por violencia familiar; mientras que, entre los mismos meses de este año, hubo 106 mil 603, es decir, se incrementaron en un 24.8 por ciento. Específicamente en Yucatán hubo 458.

Además, los presuntos delitos por violencia de género, en todas sus modalidades, incrementó de mil 459 entre enero y mayo del año pasado a mil 718 entre los mismos meses de este año (a nivel nacional), creciendo en un 17.8 por ciento.

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