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jueves, agosto 5, 2021
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Un derecho constitucional inexistente: la seguridad vial

Cecilia Abreu

La bicicleta tiene el superpoder de elevar mi corazón hasta el cielo (y más allá), incluso en Mérida donde el calor reina y el viento a veces no existe, la brisa sobre mi piel se hace presente cuando pedaleo; es una sensación de liberación de endorfinas única.

Mi bicicleta es como aquel dulce bicolor: no la cambio por nada. Pero en un segundo, la magia se derrumba y lo único que intentas es salvar tu vida. Todo cambia de forma intempestiva.

Desde el 18 de diciembre de 2020 se anexó al Artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que “toda persona tiene derecho a la movilidad en condiciones de seguridad vial, accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, calidad, inclusión e igualdad”. Una realidad inexistente.

La mayor parte de los accidentes son prevenibles, en mucho, cambiando el diseño de la urbanización, que le ha otorgado prioridad a los automóviles desde hace tanto tiempo; pero no solamente se trata de eso, pues los 71 kilómetros de ciclovías nuevas del año pasado resultan nada si las calles carecen de seguridad.

Y, aclaro, soy la número uno en defensa de las ciclovías porque me hacen sentir más segura (el nivel depende de qué parte de la ciudad hablemos, porque hay una desigualdad en dicha infraestructura, pero ese es otro tema). El punto aquí es que las ciclovías son una excelente aportación a una movilidad sostenible y segura, pero no lo son todo.

Ayer mi corazón que volaba más allá del cielo por obra de la bicicleta, se dio un duro golpe sobre los rieles de la calle 50, una calle con una visible falta de mantenimiento, que ha creado un cráter a su alrededor.

¡Qué rabia sentí al caer! Justo regresando de la fisioterapia que espera quitarme el dolor de la rodilla derecha y enseñarme una mejor forma de moverme para cuidar de mi salud corporal. “Toda mi terapia de hoy se fue a la basura”, pensé.

Todo fue tan rápido, en medio del tráfico, alcancé a darme cuenta de que las rieles estaban peligrosas, bajé un poco la velocidad, pero no podía frenar de golpe por los automóviles que venían detrás, la bicicleta no soportó el hueco junto a los rieles y subir tan rápido del hueco al riel…

Lo siguiente que recuerdo es poner fuerza porque la llanta se iba de lado, siguiendo el camino marcado por la ranura, no tener el control del manubrio y entonces estar tirada en el piso… Por suerte, el de atrás frenó con calma y esperó a que me levantara, recogiera la bici y me quitara del   camino. Pero no puedo dejar de cuestionarme, ¿qué habría pasado si el coche de atrás no   pudiera reaccionar a tiempo? Dudo mucho que estuviera contando esta historia.

Hoy escribo feliz de tener un golpe en la rodilla derecha, aunque estuviera saliendo de terapia y la calle marcada en la mano izquierda, me alegra haber tenido suerte. Pero tan solo el año pasado, 48 ciclistas no pudieron contar su historia… Y eso sin contar los casos que no salieron a la luz para las estadísticas.

Por eso digo y repito, las ciclovías son necesarias, mas no todo el camino recorrido; también se necesita mantenimiento de las calles (y de las mismas ciclovías), porque la seguridad vial que señala como derecho el artículo 4 Constitucional no es posible en calles con huecos cada dos metros, ni con rieles que se convirtieron en zanjas.

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