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jueves, agosto 5, 2021
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Salud emocional, tan importante como la física en la pandemia

Cecilia Abreu

La pandemia repercutió de forma negativa en los infantes ya que ahora tenemos niños más estresados. Apenas desarrollaban sus habilidades sociales de interacción y ahora se preocupan por seguir las reglas de convivencia, expresa la psicóloga especialista en psicoballet y directora de la escuela Ki’ima Kóol, Nallely Chacón Ortiz.

Por ello, señala que incluso comenzaron a tener pesadillas y preocupaciones extremas   sobre lo que pasará, “se empezaron a desatar situaciones bastante complejas en los niños”.

Resaltó la importancia de dedicar tiempo a la salud emocional de los infantes, utilizando los espacios que se abren poco a poco para la interacción entre pares.

“Esos puntos medios, que me permitan cuidarme y estar protegidos de salud, pero también regresar a la interacción con el otro”.

En esa escuela, basada en la crianza respetuosa, llevaron al cabo un festival de Peter Pan para continuar con la formación que imparten, siempre con un tinte artístico. Recuerda que al iniciar 2020 comenzaban a desarrollar la obra que presentarían en mayo, pero cancelaron la función debido a la COVID-19.

En esta ocasión, luego de platicar con su equipo de trabajo y que las madres de familia pidieran que se realizara aunque sea un evento pequeño, retomaron esa obra.

Dos niños protagonizan la obra, uno de seis años (como Peter Pan de pequeño) y un adolescente con discapacidad representando el rol del personaje cuando crece, convirtiendo la historia en una especie de película propia, con 45 minutos de duración.

Gracias a la virtualidad podrán ver esa obra no solo quienes viven en Mérida, sino en cualquier parte del mundo. Sin embargo, no todo en el mundo en línea es color de rosa, pues reconoce que el trabajo con los menores es muy complicado, ya que incluso los estudios alertan del uso de las pantallas.

“Entendimos que era la manera de comunicarnos en ese momento. Fue todo un reto”.

La atención de los niños es de corta duración, en forma presencial, explica, y se recorta  más al ser a distancia, por lo que les enviaban materiales cada 15 días para una mayor interacción.

Cuando dominaron la situación, alcanzaron una hora de clases con diferentes actividades, incluyendo las motrices, pero señala que en enero pasado los infantes ya se percibían cansados, hartos y desmotivados.

Incluso, la interacción entre ellos había disminuido y, sin importar lo que hicieran, ya no querían estar ahí, por lo que les permitían faltar a quienes así lo decidían.

“No querían ni siquiera vernos, ni a nosotras ni a sus compañeros”, finaliza.

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