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jueves, agosto 5, 2021
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Te escribo una carta, a 50 años de tu partida, Ermilo Abreu Gómez

Cecilia Abreu

No tuve la oportunidad de conocerte, pero me gusta creer que la sangre que corre por mis venas trae algo de tu talento, pues desde que estudiaba la primaria, cuando algún libro de la SEP incluía cualquiera de tus escritos y mis compañeros leían tu nombre, me preguntaban si eras mi pariente y yo respondía que sí con orgullo.

Hoy, tomando tu aniversario luctuoso número 50 como un motivo para hablar de ti, me comuniqué con mi tía abuela, Juana Inés Abreu Santos, tu hija, para poder escribir sobre ti a través de sus ojos (y de los míos).

Y, mientras ella te recuerda, yo te conozco un poco.

Fotografía: cortesía de Carlos Abreu Méndez

Qué orgullo me dio escucharla decir que uno de los hechos más importantes que realizaste fue rescatar a Sor Juana Inés de la Cruz del olvido en México, “la habían olvidado totalmente y mi padre la estudió, la rescató y la volvió a poner en el mundo de la cultura”, fueron sus palabras.

Se alegra de que su padre, con sus investigaciones y escritos, consiguiera que personas como Octavio Paz también se interesaran por estudiarla y conocerla. Testimonio de claustro. Sor Juana Inés de la Cruz ante la crítica, en 1995 y Vida de Sor Juana, en el año que nací, 1996, son un par de libros que atestiguan lo que me platicó tu hija.

Fotografía: cortesía de la familia Abreu Gómez

Aunque, por obvias razones, no pudo conocerte en aquella época, me cuenta que en tu autobiografía describes cómo eran las cátedras nocturnas en el fogón de tu hogar y disfrutabas enormemente escuchando las historias que allí se contaban.

Seguramente fue un gran impulso para la persona en la que te convertirías y las letras que escribirías, pues, además, mi tía señala que en ese tiempo, a pesar de las carencias, las personas procuraban leer y cultivarse, justamente como tú lo hiciste, hasta el punto de encontrarte con la literatura como un medio muy importante (que seguramente orientó en tu camino).

Te describe como un espíritu de gran creación e imaginación, que fue creciendo con las historias que escuchaba en la mesa de su casa, y a mí me gusta imaginar ese tiempo, para estar ahí por un ratito.

También me contó que te enamoraste de una italiana y mi abuelito, Carlos Abreu Méndez, me dijo que desde que la viste quedaste “prendado”, te casaste y tuviste dos hijos de aquel matrimonio, pero tu esposa, Francesca Dichiara, tuvo que partir muy pronto.

Y fue entonces que nuevamente alguien se robó tu corazón, en esta ocasión, la madre de mi tía Juanita, Ninfa Santos, quien hoy me cuenta de ti para escribirte esta carta.

Fotografía: cortesía de la familia Abreu Gómez

Naciste en la época perfecta para ti, lo supongo solamente por todo lo que me dijo tu hija, que cuenta que te quedaste a vivir en la Ciudad de México cuando era la época de oro de la cultura en el país.

Y, aunque hiciste grandes cosas por ahí, cuando tuviste una oportunidad laboral en Washington D.C. te fuiste por ahí, con mi tía que tenía 7 u 8 años para ese entonces. Pero qué grato enterarme de que fuiste director del área de filosofía y letras de la Unión Panamericana allí y que gracias a eso pudiste viajar por toda Latinoamérica conociendo a las demás personas que también escribían.

Cuando volviste, la UNAM encontró la oportunidad de tenerte como catedrático, pero también la Universidad de Toluca (y otras que no mencionó mi tía), pero que también te recibieron… Claro que tú conoces tu camino y yo no tengo por qué contártelo, pero es más para mí y para que otras personas también te conozcan.

“Fue un hombre que nunca, jamás, dejó de pensar en Yucatán, pero nunca tuvo la oportunidad de regresar”, recuerda mi tía Juanita.

Además, mi abuelito me dijo que cuando venías de visita a Mérida, para ver a tu familia, te encantaba quedarte en casa de su mamá porque te cocinaba nuestros deliciosos platillos yucatecos, que por supuesto extrañabas.

Y, obviamente, con cada visita tuya, la Universidad de Yucatán, que mi abuelito no recuerda si era Autónoma (Uady) o no, te pedía ir a darles pláticas a los estudiantes; “aunque yo no sabía nada de literatura, nunca me las perdía”, me dijo tu sobrino.

Pero me sorprendió escucharle decir que incluso fuiste delegado de la UNESCO, otra forma de decirme que fuiste alguien a quien admirar y que sí espero que algo de tus letras recorra mi cuerpo.

Fotografía: cortesía de Carlos Abreu Méndez

Hoy solamente te escribo para decirte que me alegra haberte conocido a través de los recuerdos, anécdotas y cariño que sentían (y sienten) por ti dos personas que te tuvieron por papá y tío, respectivamente; porque, más que mi tío que leía en mis libros de la SEP te convertiste en alguien a quien admirar.

Pd: yo le escribí una carta a mi tío bisabuelo, pero quienes la lean pueden saber más datos sobre él por aquí: https://www.academia.org.mx/academicos-2017/item/ermilo-abreu-gomez

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