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sábado, noviembre 27, 2021
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Polvo de Mérida, riesgo para la salud

Cecilia Abreu

El polvo que se acumula en el suelo de Mérida, principalmente en las calles y avenidas, contiene metales pesados que ponen en riesgo la salud de las personas. Estos contaminantes entran a los hogares por medio del calzado, al cual se adhieren, aseguró Francisco Bautista Zuñiga, especialista del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Debido a ello, consideró necesario realizar cambios a las prácticas necesarias para cuidar la salud e incluir más actividades de limpieza tanto en los domicilios particulares como en edificios públicos e incluso las calles de las zonas urbanas, primordialmente.

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que hay enfermedades relacionadas con la contaminación ambiental que afectan las condiciones de salud de las personas, el polvo urbano ha quedado fuera de los elementos que se consideran como un factor a prevenir, expuso el investigador.

Explicó que estudios realizados en las calles de la capital yucateca para identificar los componentes del polvo urbano dieron como resultado el hallazgo de cantidades considerables de metales pesados entre otros elementos.

La investigación incluyó el análisis de muestras de un metro cuadrado de polvo de la calle que fueron analizadas para ver que las componían.

Además, crearon una forma de facilitar que cualquiera conozca qué tanta contaminación por metales pesados hay en el sector donde vive: Baja: polvo marrón grisáceo y marrón grisáceo oscuro. Media: muestras de color gris. Alta: polvo de colores gris oscuro y muy oscuro.

“No encontramos polvo sin metales pesados”.

De acuerdo con el estudio, el promedio es de 20 miligramos de metales pesados por kilogramo de polvo. Los más oscuros pueden tener hasta 160 miligramos. Bautista Zuñiga indicó que un ejemplo de cómo se desprenden metales pesados de forma común en el ambiente es a través del material que expulsan las balatas de los autos al frenar.

Eso hace que las zonas de mayor tránsito acumulen mayor cantidad de esos elementos, lo cual es un problema sanitario para quienes comen en esas áreas o las usan comúnmente para desplazarse. En especial para niñas y niños quienes, por su estatura, están más cerca del suelo.

Según cómo ingresen al cuerpo pueden afectar al corazón, riñones o el intestino,
detalló. Si se ingieren son menos dañinos para el estómago que al respirarse para los pulmones, pero no por eso deben descuidarse.

Además, mientras más pequeñas sean las partículas, más fácil se desplazan por
el organismo, principalmente si alcanzan el torrente sanguíneo. Pese a lo expuesto, el investigador lamentó que haya poco interés en el tema: existen normas para el suelo, para la calidad del aire, pero no para el polvo urbano y la prevención sobre la manera
en la que puede afectar la salud humana.

Una solución en las ciudades sería la limpieza constante de las calles, principalmente aquellas con mayor aforo vehicular, consideró.

Lo único que se puede hacer en casa, como sociedad en general, es barrer
todos los días –especialmente si hay infantes en casa–, limpiar las cortinas, y
tener plantas cerca de las ventanas, ya que ayudan a atrapar el polvo.

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