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martes, octubre 19, 2021
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“Abren las piernas y luego abortan”: cuando el discurso de odio se infiltra en las aulas

La mayoría de las personas que nos dedicamos a la docencia esperamos que nuestros alumnos nos recuerden como seres que aportaron algo para su vida y su crecimiento personal. Por otro lado, la libertad de expresión es uno de los derechos más fundamentales del ser humano, pero ésta no es un sinónimo de libertad de cátedra.

Hace una semana, el profesor Mauricio Pavón Pavón, catedrático de la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Veracruzana, reabrió este viejo debate al ser exhibido por sus propios alumnos, quienes subieron a redes sociales una videograbación de su clase en la que emite una serie de comentarios en contra de los derechos de las mujeres y las personas de la diversidad sexual.

El video, que dura apenas un minuto con dieciséis segundos, resulta una verdadera oda a la misoginia y la homofobia. Le llama “marranadas” a las relaciones homosexuales y después se excusa diciendo que eso “no es discriminación, porque los derechos humanos ahora se usan para matar personas” usando ésta última frase como preludio a un ataque directo hacia las mujeres que abortan. “¿Para que anduviste abriendo las piernas? Te hubieras inyectado, te hubieras tomado tus pastillitas”.

Como si fuera posible que las mujeres nos embaracemos solas y fuera exclusivamente nuestra responsabilidad protegernos de un embarazo no deseado. En todo caso, es obvio que el profesor ignora que ninguno de los métodos anticonceptivos que él menciona tienen el 100% de efectividad. Por lo tanto, no podemos decir que Mauricio Pavón estuviera tratando de informar o educar al respecto, sino más bien, era un intento de evangelizar a sus alumnos en sus creencias personales, plagadas de prejuicios morales y religiosos sin sustento científico alguno.

La realidad es que la opinión personal del ahora ex-catedrático es lo que menos importa. En efecto, y como muchos de sus acérrimos defensores en Twitter afirman, tiene derecho a opinar lo que él quiera. Eso no está a discusión y la verdad es que salvo a las personas que convivan con él, a ninguno de nosotros tiene por qué importarnos, pero cuando eres docente y estás frente al grupo, las cosas cambian. 

Por un lado, la libertad de cátedra constituye un derecho de las instituciones de educación superior para establecer sus planes y programas de estudio sin intervención del Estado o de otros actores ajenos a la academia. También implica la potestad del docente para realizar sus actividades de enseñanza, conforme a lo que él considere más adecuado para sus estudiantes. Sin embargo, esta libertad de cátedra se encuentra delimitada por los códigos de ética vigentes en las instituciones y nunca puede ir en contra de los derechos humanos de los estudiantes.

Ante la presión ejercida por la comunidad estudiantil y la sociedad en general, la Universidad Veracruzana decidió separar al docente de su cargo. Si Mauricio Pavón hubiera emitido esos comentarios en otro contexto, lejos del ejercicio de su rol como catedrático de la Facultad de Contaduría y Administración, rodeado de otros adultos que congeniaran —o tal vez no— con sus ideas, y aún así se le hubiera grabado y exhibido, probablemente hoy la víctima sería él, porque no se le puede castigar a una persona por opinar lo que quiera, si así fuera, Agustín Laje estaría en prisión. El problema es el contexto en el que lo hizo

Es natural que tengamos opiniones personales sobre temas tan sensibles como el aborto, pero también hay que reconocer cuando esas opiniones tienen un fundamento científico y cuando no para evitar imponer nuestras creencias religiosas a los estudiantes, que como dice la Constitución en su artículo tercero, tienen derecho a una educación laica.

Pero lo más importante, como maestro, uno no puede ir por ahí enseñando a odiar a las personas que son diferentes, sobre todo en Veracruz, que es uno de los estados más violentos con las mujeres y en donde ocurren más crímenes de odio por homofobia en todo México, según los datos proporcionados por el Observatorio Nacional de crímenes de odio contra personas LGBT

Estar frente a un grupo implica, además de estar actualizado en los conocimientos de la asignatura que se imparte y en las herramientas pedagógicas más adecuadas para ello,  tener la sensibilidad suficiente para detectar cuando nuestras opiniones pueden vulnerar los derechos de los demás.

Ser maestro trae consigo la responsabilidad de conducirnos de manera respetuosa, y de promover siempre la cultura de paz y de respeto a los derechos humanos; porque si no aspiramos a transformar el mundo para bien, entonces, ¿qué estamos enseñando?

A continuación, el video:

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