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martes, octubre 19, 2021
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¿Y murieron felices?

Hablar de la muerte es hablar de algo indeseable, algo de lo que hay que huir, algo que queremos evitar, pero es lo más seguro de toda nuestra existencia. Si estás viva o vivo (porque obvio lo estás), un día morirás. Sí, tarde o temprano lo harás.

Es muy curioso cómo, a pesar de ser seres pensantes (homo sapiens), reflexionamos muy poco, cuestionamos lo menos, vivimos ciegas, ciegos, sordos y sordas, en una completa nube de oscuridad. Todo lo queremos en pedacitos y, de ser posible, previamente triturado para no tener que masticar.

¿Y por qué escribo eso? Porque cuando se habla sobre salud mental se quiere entender desde una simplicidad y técnicas mecánicas que nos ayuden a atenderla, como si fuéramos simplemente máquinas capaces de ser reprogramadas. Los temas de salud mental se tienen que abordar, también, desde una cosmovisión más amplia, desde la cultura, la sociedad, el  momento histórico, desde la narrativa del entorno. Si no lo hacemos, pecamos de reduccionistas frente a uno de los entes más complejos de la naturaleza.

Si hablamos de la vida, hay que hablar de la muerte. Escribía Viktor Frankl “sólo la muerte da sentido a la vida”. Frase que puede parecer aterradora, pero comprendida en su amplitud nos conduce a la conciencia de una vida frágil, efímera, sostenida por condiciones que no siempre están en nuestras manos controlar. Comprender la muerte es comprender la vida. Comprender la vida es comprender la muerte… y perderle el miedo.

¿Te imaginas lo sano (hablando de salud mental) que sería vivir sin miedo a la muerte, experimentando una vida plena, consciente de que cada instante puede ser el último, y por ello llenarlo de empatía, comprensión, compasión y amor? ¿Eres capaz de comprender lo que eso significa en su totalidad?

Sólo detente un instante y percibe cuántos de tus temores parten de la angustia por morir, del aferramiento a esta vida, a sus placeres, a las ideas sobre ti misma o mismo, a las ideas sobre el logro y el éxito. Obvio que es maravilloso y placentero vivir, pero habrá que darnos cuenta que muchas veces nos aferramos a ello con tal ahínco que al llegar el impostergable momento de la muerte, sufrimos por todo ello.

Que quede muy claro que no hablo de vivir una cultura orientada a la muerte, sino vivir con una conciencia sobre la muerte, una perspectiva que nos lleve a percibir que la vida humana es frágil y que más que enfocarnos en situaciones que nos produzcan aflicción o sufrimiento, orientemos nuestra vida hacia la plenitud, la trascendencia, el altruismo, el amor, la compasión, porque será ahí donde podremos construir una verdadera felicidad.

Démonos cuenta que nuestra cultura actual ha contribuido significativamente a muchas de las condiciones sociales que hoy vivimos: pobreza extrema de una parte de la población, discriminación, desigualdad, violencia por motivos de género, religión o preferencia sexual, impacto ecológico severo, y más. De ahí la importancia de ver la salud mental no sólo como algo individual, sino como algo colectivo, global, cultural. No se puede hablar de salud mental sin hablar de salud social y comunitaria.

Para construir una perspectiva de la felicidad mucho más amplia, diferente a la que nos han enseñado, habrá que hablar sobre la muerte, sobre nuestra muerte y sobre la muerte de las personas que están a nuestro alrededor; incluso, sobre la muerte de cualquier tipo de vida. Todo ello, para tomar conciencia y así dar el primer paso para acciones diferentes a las actuales.

¿Es posible morir feliz, en paz, en calma? ¡Claro que sí! Pero habrá que deconstruir las ideas que actualmente tenemos sobre ella y construir nuevas que, más que miedo, nos lleven a la plenitud.

Te toca a ti reflexionarlo. Yo sólo, por ahora, lo pongo sobre la mesa.

Ma’alob.

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