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viernes, enero 28, 2022
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Maestra y párvulos de Poxilá, abandonados a su suerte

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Ni los grandes anuncios para ser la sede de una central ferroviaria y del futuro aeropuerto en Poxilá para detonar el desarrollo económico de Yucatán, ni la salud de los más pequeños consiguieron que los dos últimos titulares de la Secretaría de Educación del gobierno del estado de Yucatán (Segey), Loreto Noemí Villanueva Trujillo y Liborio Vidal Aguilar, y el gobernador Mauricio Vila Dosal atendieran la solicitud de esa comunidad indígena de Umán, por contar con una escuela de preescolar.

El largo periplo que aún escribe la comunidad se da pese a que en los tres últimos años la localidad de 888 habitantes –88.7 por ciento de los cuales se declara indígena– ha sido señalada como sitio atractivo para las inversiones.

En 2018, la administración de Rolando Zapata Bello inauguró ahí el Centro de Operaciones Ferroviarias, un proyecto ahora abandonado con la puesta en marcha del Tren Maya.

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Se sabe también que en un cuadrángulo que conforman las localidades de Poxilá, Xtepén, Yaxcopoil y Chocholá, el empresario José Antonio Loret de Mola Gómory insiste en la construcción de un nuevo aeropuerto para la ciudad de Mérida.

En 2016, además, se descubrió en la zona varios sitios arqueológicos y el año pasado el Instituto Nacional de Antropología e Historia intensificó sus rescates, uno de los cuales, el más grande y relevante es el denominado por ahora Panadero, ubicado a 5.5 kilómetros al suroeste de Umán, 1.2 kilómetros al norte de Poxilá y 500 metros al norte del límite del Centro de Operaciones Ferroviarias.

El kínder de Poxilá, comisaría de Umán anunciada como polo de desarrollo económico.

La maestra del lugar, Leydi Guadalupe Interián Samos, relata que desde 2008 fue donado a comunidad un terreno para la escuela, con lo que el gobierno del estado sólo tendría que invertir en una pequeña obra de infraestructura, pues en la actualidad hay 33 estudiantes.

La titular del Centro de Educación Inicial Indígena “Alfredo Barrera Vázquez” recordó que Vila Dosal acudió en 2018 “y vio la casita de paja en donde laborábamos”, así como la escuela que improvisó con la colaboración del hermano del exgobernador Patricio Patrón Laviada y dueño de la hacienda de Poxilá, Alejandro Patrón Laviada, quien les prestó un espacio, porque la escuela original estaba a punto de caerse.

“Este espacio tampoco reúne las condiciones para una escuela, porque no tenemos agua ni baños”, pero asegura que el precandidato presidencial prometió ante ella, y padres y madres de familia, que autorizaría la construcción del plantel.

La maestra cuenta que se le llevó un oficio al gobernador y lo recibió, además de que entregaron documentos que avalan la donación del terreno, que se encuentra justo enfrente de una telesecundaria.

“Vila mandó a los de planeación (de la Segey) a verificar el terreno y las condiciones, regresaron un par de veces más y en la última visita que recibimos, en febrero de 2020, nos dijeron que la escuela estaba en el catálogo de obras de ‘nueva creación’, con lo cual ya estaba todo listo para la construcción, sólo nos solicitaron que limpiáramos el terreno, porque ya tenía la hierba muy alta. Luego de eso comenzó la pandemia y se perdió la comunicación”.

Fue entonces cuando comenzó con la búsqueda incesante para la construcción del espacio digno para sus estudiantes, pues en la Segey le dejaron de responder las llamadas. Pese a todo, contactó a la entonces secretaria de Educación, Loreto Villanueva, quien fue su maestra en la Normal de Educación Preescolar, pero ésta le aseguró que no se tenía documento alguno sobre la petición.

“Acudí entonces a la Dirección de Educación Indígena, a la que pertenece mi escuela, y les conté lo que había sucedido”, y allí le indican que debía ir a la oficina jurídica de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, pero al acudir no quisieron atenderla, porque no era un asunto que a ella le correspondía resolver, situación que luego le confirmaron en la propia Dirección de Educación Indígena, donde le dijeron que la habían enviado porque “a nosotros no nos hacen caso”.

Leydi Interián, sin embargo, vio una luz de esperanza cuando se comunicaron con ella en julio, ya con Vidal Aguilar al frente de la Segey, y le aseguraron que le enviarían un aula móvil para regresar a clases presenciales el próximo lunes 6 de septiembre. Le aseguraron que sólo se necesitaba revisar el sitio donde la colocarían, que al final fue el mismo terreno donde se construiría el plantel.

“Como siempre, padres y madres de familia nos ayudaron con la limpieza, pero cuando volví a hablar a la Segey para avisar que ya estaba listo me dijeron ‘bueno, vamos a tener que programar una visita para ver si se autoriza que le lleven el aula’”, lo que aún no le confirman.

“Necesito saber si enviarán la unidad y conocer sus dimensiones para marcar los espacios de sana distancia, saber a cuántas personas puedo meter”, debido a que su alumnado se integra con menores de tres años y necesita de la presencia de las mamás.

Además, requiere saber si tendrá a disposición un medidor de dióxido de carbono, “porque vamos a estar todos respirando lo mismo, y no me supieron dar razón, nada más que yo esperara”.

“No tengo a dónde ir y el regreso está a la vuelta de la esquina, dicen que es un regreso seguro, pero no veo la seguridad”.

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