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jueves, septiembre 23, 2021
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En el estado más seguro la gente se está matando

¿Realmente vivimos en un estado seguro? Más bien creo que la vara se ha puesto muy abajo, no nos están comparando con lugares seguros y, con ello, indicando que somos “el estado más seguro” en un país en donde cada día 10 mujeres son víctimas de feminicidio.

El año pasado en Yucatán 243 personas decidieron quitarse la vida. Y es aquí en donde vale la pena cuestionar qué es lo que está pasando. Si viviéramos en el paraíso que se le hace creer al país, tal vez no habría tanta gente que piensa acabar con su vida como una forma de ponerle fin al sufrimiento.

No se trata sólo de tristeza o depresión, tampoco es únicamente ansiedad; sí, pueden estar inmersas esas situaciones cuando una persona decide actuar en contra de su naturaleza y lastimarse a tal punto, pero, ¿cuál es la raíz de esa depresión o de esa ansiedad?

Considerando el salario mínimo de 2020, es decir, 123.22 pesos diarios (3 mil 696 pesos al mes aproximadamente) para mantener una familia promedio en Yucatán que suele integrarse por cuatro personas al menos (3.9 tamaño promedio), podemos comenzar a vislumbrar un panorama de lo que se vive.

La seguridad alimentaria es un término hermoso, consiste en que todas las personas cuenten con el alimento suficiente, tanto en calidad como en cantidad; pero es una ilusión lejana en un estado en el que 49.5 por ciento de su población vive en pobreza, es decir alrededor de un millón 156 mil 900 personas.

Si bien hay que atender la depresión en el estado, más bien, considero que deben analizarse y estudiarse las raíces: ¿qué la provoca? Para poder incidir y dejar de invisibilizar esta problemática.

Porque, bien podría alguien entrar a las estadísticas del INEGI y observar que el Estado de México, también en 2020, tuvo 832 defunciones por suicidio, lo cual podría parecer más a simple vista; pero al revisar los datos, con la densidad poblacional, se descubre que ahí cometen suicidio cuatro personas de cada 100 mil, mientras que en Yucatán lo hacen 11 de cada 100 mil.

Añadiendo a las condiciones económicas otros factores que detonan esta situación, podemos encontrar que las personas suelen ser muy reprimidas. Apenas este domingo, cuando fui a cubrir un tendedero de denuncias (ojo, ni siquiera era una manifestación) no pude parar de observar cómo la policía rodeaba a las escasas cinco personas (aproximadamente) que estaban dirigiendo la actividad.

Incluso esta semana llegué a cuestionarme si la restricción de la movilidad es un pretexto de la pandemia y es en realidad una vía para continuar manteniendo a la sociedad “en control”, como pareciera que hay que tenernos.

Porque, así como en ese pequeño tendedero realizado para denunciar la violencia policiaca en el estado (otro motivo para sentirse inseguro) los elementos de la policía estuvieron con los celulares en la mano tomándole fotos a las personas que allí estaban una y otra vez, esto ocurre en cada manifestación donde la sociedad pide a gritos, literalmente, ser escuchada.

Y si bien lidiar con todo esto nunca es sencillo, incluso aspirar a una terapia psicológica se ha convertido en un privilegio, uno de esos que me incomoda y enoja llamar así “privilegio” porque eso debería ser para todas las personas.

Entonces, además de las problemáticas económicas (con falta de oportunidades) y la represión, sumamos la falta de herramientas para ecualizar las emociones y descubrir que hay más salidas, por eso (y muchísimos factores más que no alcanzaría a escribir), más allá de lo que corresponde atender a las autoridades, más allá de las personas cercanas a las víctimas, este es un tema que nos concierne a todas, todes y todos.

Siempre hay señales antes de un suicidio. Es nuestra tarea como sociedad informarnos para conocer cuáles son esas advertencias para identificarlas y, si bien no resolver porque no somos especialistas, orientar hacia alguien que sí lo sea o, en su defecto, a las líneas de apoyo:

Línea gratuita de apoyo a la salud mental: 01-800-00-00-779.

Línea gratuita del IMSS: 800 2222 668 opción 4

Salvemos una Vida, AC, 999-924-59-91.

Programa Integral para la Atención del Suicidio (PIAS), 9993-10-36-62 y al correo [email protected]

Alianza Nacional de Salud Mental (NAMI) 24 horas: 800-950-6264.

También pueden consultar materiales y herramientas en la Escuela de Conciencia (ECO): https://www.facebook.com/ECOescueladeconciencia y difundir este tipo de contenido para que más personas puedan sumarse a la prevención.

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