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jueves, septiembre 23, 2021
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Suicidio y sufrimiento

Existen diferentes enfoques que hablan del sufrimiento. Desde perspectivas que afirman que el sufrimiento en el mundo surgió a partir de la desobediencia de un par de personas, hasta enfoques existenciales en los que el sufrimiento se mira con resignación, porque es inevitable y siempre estará presente en nuestra vida. Otros más, afirman que el sufrimiento tiene el objetivo de ayudarnos a apreciar diversos aspectos de la vida; o que ante la imposibilidad de escapar del sufrimiento, al menos podemos orientarlo hacia el ofrecimiento o hacia el bien.

Independientemente de qué perspectiva se tenga, hay una primera verdad: el sufrimiento existe. Es fácilmente identificable. Pensemos en la muerte, el hambre, la enfermedad. Todas y cada una de ellas nos hacen enfrentarnos constantemente al sufrimiento. No podemos escapar del hambre ni de la enfermedad y mucho menos de la muerte. El sufrimiento, el dolor, la carencia está ahí.

Si nos quedamos con esta perspectiva, sólo nos restará resignarnos. ¿Pero acaso esa es la realidad humana? Un simple devenir por el mundo pasando de momentos de bienestar y placer a momentos de sufrimiento. ¿Qué podemos hacer? 

Está claro que es imposible escapar del hambre, la enfermedad y la muerte, pero, ¿es posible mirar al hambre, la enfermedad y la muerte desde otra óptica? El hambre es sufrimiento, porque es la carencia de nutrientes del cuerpo físico, pero no toda hambre es sufrible. Hay momentos en que podríamos anteponer el hambre a causas profundas, por ejemplo, alimentar a un ser querido. Se siente hambre, dolor, pero no necesariamente se sufre.

Si pienso en la enfermedad como la pérdida del bienestar y me mantengo en ese enfoque, además del dolor, tendré sufrimiento. ¿Podría sentir dolor (desde uno leve, hasta intensos) pero no necesariamente esto me provoque sufrimiento. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de condiciones limitantes por enfermedad o discapacidades, y no necesariamente hay sufrimiento (muy ad hoc esto con los Juegos Paralímpicos).

¿Y la muerte? La muerte es la extinción por completo de nuestra existencia o la de alguien a quien queremos. ¿No hay, por lo tanto, sufrimiento? Si me enfoco en la pérdida, la ausencia, la habrá, claro; pero si paulatinamente llevo a mi percepción hacia la gratitud, me ayudará en ello.

¿Qué significa todo esto? En primer lugar, que hay una diferencia entre el dolor y el sufrimiento, y por ello, hay un origen del sufrimiento que no está en la situación experimentada en sí, sino en la forma en cómo la estoy mirando.

El suicidio no es un acto de valentía o de cobardía, como se afirma de forma popular, sino que la persona que comete un intento suicida (que puede consumarse o no), lo que busca en el fondo es dejar de sufrir. Las experiencias que vive, las circunstancias a las que se enfrenta, las condiciones en las que se desarrolla, el entorno social en el que interactúa, lo percibe desde una mirada de aflicción y sufrimiento. Empieza a perder la esperanza, las alternativas, las opciones, deja de percibir opciones de apoyo social, el sufrimiento se vuelve insoportable… y ante ello, aparece un “camino” para dejar de sufrir: el suicidio.

El acto suicida es un acto complejo. Es un error intentar explicarlo desde una sola variable, como muchas veces se hace. Es multifactorial, dinámico, único; pero al mismo tiempo es social, cultural, histórico, político, mercadológico, escolar, económico, amoroso, etcétera. Hay tantas ideas en la mente de la persona que pasa por esta alta gama de sufrimiento, que abruma, se sofoca, se ahoga, sufre.

El sufrimiento está ahí, se hace presente y palpable en esa persona. Si bien, se ha documentado que el acto suicida está vinculado con trastornos mentales y consumo de sustancias, no se omite la presencia de crisis que llevan a alguien a cometer el acto. También se relaciona con vivir actos de discriminación, abuso, violencia, acoso, situaciones límites (pobreza, guerra, catástrofes). No podemos, tampoco, descartar las percepciones sobre el éxito, el amor, los vínculos y un largo etcétera. Por ello les compartía que es complejo.

¿Qué podemos hacer como individuas e individuos, como sociedad o institución para prevenir y acotar el suicidio? Una respuesta simplista (que habría necesidad de ampliar más adelante) es contribuir a eliminar el sufrimiento: el buen trato, la escucha, el interesarme genuinamente por las demás personas, poner un alto y denunciar actos de acoso, discriminación, bullying, violencia, brindar apoyo, orientar hacia espacios de ayuda, desestigmatizar a la salud mental, cambiar las percepciones sobre el amor romántico, reconfigurar las ideas sobre lo que es el éxito, ser más solidarios/as, etcétera.

Si están interesadas e interesados en profundizar en la temática del suicidio, la siguiente semana (del 6 al 11 de septiembre) en la fan page Psicólogo Edgardo Flores tendré varios lives (uno por día) con profesionales de la salud mental que trabajan en la prevención, atención y antevención del suicidio, ya que el próximo 10 de septiembre es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Un granito de arena para beneficio de todas y todos.

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