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martes, octubre 19, 2021
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Dos líneas paralelas

Nunca dije “te amo”
ni dijiste “te quiero”
si hay dos líneas paralelas
ni Dios las puede juntar. 

De la canción “Dos Líneas paralelas”, de los Ángeles Negros

El grupo chileno los Ángeles Negros me trae a la mente invariablemente recuerdos de mi juventud, pues era común escuchar su distintivo estilo en lo que durante muchos años fue mi segundo hogar: la Cruz Roja Mexicana. 

Ahí era común que los operadores de las unidades de emergencia hicieran sonar ese estilo musical en sus equipos “portátiles” de sonido, mientras limpiaban las ambulancias o descansaban a la espera de un nuevo llamado de auxilio.

Pero esa música melancólica y, en su mayor parte, de letras tristes, también me recuerda ese México sumido en la depresión económica sexenal, el de la dictadura perfecta presidencial, del “tapado” y del “dedazo” como métodos de elección oficial.

Tiempo de oscuras historias policiales del “Negro” Durazo, del asesinato de Manuel Buendía, de la muerte “accidental” del opositor Manuel Clouthier “Maquío”, de la lucha del ingeniero Heberto Castillo, de los cacicazgos en las entidades federativas, del “Balo” Cervera Pacheco.

En retrospectiva esos tiempos en poco han cambiado, quizá más bien la parte oficial se ha camuflado en caras más atractivas y oficinas más modernas y estéticas, pero con iguales o mayores vicios, como el uso discrecional del poder y de las leyes o su ambición por el dinero que todo lo ensucia.

Por el contrario, la sociedad antes callaba por miedo, por temor al poderoso gobierno que al puro estilo de los regímenes dictatoriales de Chile o Argentina mandaba desaparecer personas, ese que administraba el cajón de las recomendaciones para ingresar a un puesto de gobierno y hasta en las grandes corporaciones.

Es verdad que ese temor sigue vigente en gran parte del país, sobre todo por el narcogobierno, pero no se entiende que en la “ciudad más segura” el silencio de la sociedad sea a la vez estridente.

Aquí, luego de la aprobación de la nueva ley en la materia, los grupos defensores de los derechos de los niños, niñas y adolescente enmudecieron sobre las denuncias de ilegalidades en procesos de adopción y de abusos en albergues que debían proteger a los menores.

Los activistas a favor de los derechos de personas LGBT y la mayor parte de sus simpatizantes abandonaron a José Eduardo luego que el Congreso local legisló sobre el matrimonio igualitario.

A las cúpulas empresariales, otrora activistas contra la corrupción y la opacidad, ahora les es imposible articular palabra para no atragantarse con las enormes rebanadas de pastel que les reparten los gobiernos encabezados por políticos-empresarios.  

Los enormes y poderosos sindicatos de maestros y de personal de salud hacen mutis por el foro, mientras los profesionales luchan acéfalos por la vida de sus educandos y pacientes, al tiempo que lo hacen por la suya y la de sus familias.

Ayer como hoy, los ciudadanos de a pie seguimos caminos paralelos a gobiernos y organizaciones civiles de miras cortas.

Líneas paralelas, como las que medían la carga vehicular en Cordemex como punto de partida del nuevo Estado (in)Sostenible Yucatán, proyecto que ahora busca dividir a vecinos de una de las colonias más antiguas de la ciudad.

Paralelas, como el símbolo matemático de “igual” que hace frotar las manos a los especuladores de terrenos para el mal llamado Tren Maya o a los inversionistas-“ejidatarios” del nuevo aeropuerto de Mérida acrecentando la pobreza.

O como las líneas editoriales de medios y comunicadores que reciben “cañonazos” de dinero frente a aquellos colegas que se esfuerzan por subsistir buscando otros medios de financiamiento que les permita independencia.

En Yucatán hay dos líneas paralelas, como dos almas condenadas a no encontrarse jamás, siempre separadas por la misma distancia, mirándose una a la otra por toda la eternidad.

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