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martes, octubre 19, 2021
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¡Objeción!… ¿de conciencia?

Recuerdo la primera vez que escuché el término “objeción de conciencia”. Estudiaba para abogada en la FD Uady cuando un abogado docente, en la clase de derechos humanos, explicó que la objeción de conciencia es un derecho que las personas pueden ejercer para no hacer algo que vaya en contra de sus creencias, principios o religión. En aquella cátedra el abogado dio algunos ejemplos sencillos de comprender, como abstenerse de cantar el Himno Nacional, realizar honores a la bandera mexicana o el servicio militar. En aquel año —2014 para ser exacta— no le di mayor relevancia.

En el 2016, hacía mis prácticas profesionales en la Codhey y me adentré en el estudio de los derechos humanos; sin embargo, me di cuenta que no bastaba conocerlos o aplicarlos si no se hacían con una perspectiva de género, sumado a que inicié mi camino en el feminismo y sin duda, me ayudó a fortalecer esta forma de pensar para mirar con “lupa violeta” lo que leía en la universidad y el trabajo.

Volví a escuchar de la objeción de conciencia en dicho año, en mi primera marcha feminista cuando se explicó la NOM-046-SSA2-2005 —mencionada en la columna pasada— que señala que debe haber personal de medicina y de enfermería en México que no sean objetores de conciencia y que asistan en procedimientos como abortos por violación.

Y es que la objeción de conciencia no está reconocida en la Constitución mexicana, de hecho, ni siquiera en los tratados internacionales de los que México forma parte. Lo que sí se reconoce es la libertad de pensamiento, conciencia y religión.

Para el 2018, ya me consideraba feminista de hueso morado-verde. Me encontraba trabajando como analista y proyectista de Normatividad y Legislación, y fue ahí cuando volví a leer de la objeción de conciencia que venía en forma de iniciativa para modificar la Ley de Salud del Estado de Yucatán, además llegaba de Palacio de Gobierno firmada por las autoridades “1” y “2” de aquella administración.

¡Por supuesto que pegué el grito al cielo! Cuando leí entre párrafos que citaban a la norma oficial mexicana y que —casi, casi— por lo establecido en ella y gracias a la adición del artículo 10 bis a la Ley General de Salud, la ley yucateca debía ser homologada para brindar “certeza jurídica” al personal de medicina y de enfermería de Yucatán de invocar su derecho por circunstancias contrarias a sus convicciones morales, éticas y religiosas. Afortunadamente, la iniciativa no salió publicada como decreto, si mal no recuerdo, ni siquiera se aprobó por Mejora Regulatoria.

A todo esto, ¿dónde se garantizaban los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres yucatecas? En especial de aquellas que sufrieran abusos, violaciones y embarazos no deseados a causa de dicho delito. Reiteré, una vez más, que no bastaban los derechos humanos si no se aplicaban con perspectiva de género.

Y es que la iniciativa para adicionar a la Ley General de Salud un artículo que reconociera legalmente la objeción de conciencia en el país fue presentada en el 2015 en la Cámara de Diputados por la entonces diputada federal plurinominal del Partido Encuentro Social, Norma Edith Martínez Guzmán.

Su currículo revelaba una larga trayectoria en temas de educación sexual, paz y derechos humanos, pero también que había sido coordinadora de la fundación “Mexicanos por la Vida de Todos” (pañuelos celestes que están en contra del derecho autónomo de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos). Aunque el camino legislativo no fue sencillo, terminó saliendo a la luz pública y entró en vigor en mayo de 2018, en medio de las elecciones más grandes de México en su momento.

Esta modificación a la ley “pasó de noche” como tantas otras que no nos enteramos, hasta que se logró hacerla visible en el 2019, cuando la Comisión Nacional de Derechos Humanos sometió ante la Suprema Corte la acción de inconstitucionalidad 107/2019 en contra del Congreso local y el gobernador de Morelos que, al parecer, su Dirección de Mejora Regulatoria no consideró que podrían atentar en contra del principio de constitucionalidad y bueno, se pasaron un poquito más de la raya y modificaron su ley de salud local para añadir la objeción de conciencia, tal y como en la ley general. Tal y como por un “pelito de rana” pasa en Yucatán.

El documento enlistaba que la ley morelense violaba derechos humanos como la salud, seguridad jurídica, integridad personal y la vida… Entonces, ahí estaban los derechos de las mujeres y las personas gestantes, pues en dicha lista se señalaban los derechos sexuales y reproductivos, la decisión libre e informada sobre el número y espaciamiento de los hijos e hijas, el derecho al libre desarrollo de la personalidad y, claro, el respeto y garantía de los derechos humanos, así como la supremacía de la Constitución mexicana.

Y es que, desde la reforma constitucional de 2011, ninguna ley general o local puede oponerse a la Constitución y a los tratados internacionales de los que México forma parte. Entonces, ¿qué tiene de malo la objeción de conciencia?

De acuerdo con lo dicho por el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, es muy amplia y al no estar delimitada más allá que a los casos de riesgos y urgencias de la vida “es dar un cheque en blanco” para que el personal de salud se niegue a prestar servicios que contravienen a otros derechos humanos, en especial el derecho a la salud de las mujeres y personas gestantes tras la Legalidad de la Interrupción del Embarazo (ILE) que ya ha sentenciado que ninguna mujer o persona gestante deberá ser criminalizada en su derecho autónomo y libre a decidir sobre su cuerpo, incluso el espaciamiento entre sus hijos.

La sesión del Pleno de la SCJN del martes pasado concluyó con la invalidez del artículo 10 bis de la Ley General de Salud y exhortó al Congreso de la Unión a legislar en objeción de conciencia para fijar parámetros que cuenten con la visión de derechos humanos, justicia y perspectiva de género.

Quien dijo que la Lucha Feminista no servía de nada, no conocía la historia. Las mujeres somos factor de cambio para conquistar nuestros derechos y los de todas las personas gestantes. El 7 y 21 de septiembre pasarán a la historia como fechas conmemorativas feministas de este país. Este 28 de septiembre, sin duda, será muy diferente.

¡Qué se pinte Yucatán y México de la marea verde y la lucha violeta!

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