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martes, octubre 19, 2021
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La casa de Sabrina

Paga 20 años por una vivienda que no conocía

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Aunque no fue en 2014 cuando todo comenzó, sí fue ese año cuando Sabrina del Cielo Quijano Traconis comenzó a dar vueltas en búsqueda de una solución, al enterarse que pagaba una casa adquirida con un crédito del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) que nunca solicitó ni gestionó.

Más de 84 meses de vivir en zozobra, de gastar los ahorros en abogados y diligencias, trámites aquí y allá. Y luego la pandemia. Para no alargar la historia, desde 2014 ha intentado resolver la situación para acceder a la casa que nunca solicitó pero por la cual ha pagado 20 años. Sin éxito, otros 15 mil pesos perdidos en abogados, con ayuda de préstamos de su hijo y de una amiga. Sin saber que tiene un techo, desde hace cuarto de siglo renta una vivienda de interés social en su natal Progreso.

A cuatro años de finalizar los pagos, invita por este medio al Infonavit que se haga responsable y le entregue las llaves de su hogar, el cual se encuentra ocupado por alguien más, que ni conoce, que posiblemente paga renta a terceros…

Ella es de Progreso y la casa está en Mérida, por lo cual nunca supo nada. Pero en el 2014, cuando comenzó a trabajar en una congeladora, más o menos a los seis meses los administradores le dijeron que como parte de su seguridad social, se le descontaría un crédito Infonavit, por la vivienda que compró.

Y ella les cuestionó qué vivienda. Desconocía de qué le hablaban. Los administradores de la congeladora rápidamente investigaron y le revelaron que ¡desde 1995 estaba pagando su casa!

Con sorpresa, preguntó su ubicación, feliz de saber que tiene un techo.

“Pregunté dónde estaba la casa y estuve dando vueltas desde ese tiempo hasta hoy. Más de siete abogados me cobraron por iniciar el trámite y acabaron por dejarme igual que en 2014”.

“Hasta fui a la delegación del Infonavit con todo y la pandemia. El Infonavit reconoce que la casa está a mi nombre y, por los años que ha pagado, reconoce también que me pertenece, pero, ¿en qué momento me entregaron llaves?”.

Ahora sabe que la casa que compró (sin quererlo, ni saberlo) está en Juan Pablo II. La fachada está pintada de amarilla con rojo.

“Pero ni siquiera soy de Mérida, soy de Progreso, y nunca ha trabajado en la capital yucateca.”

En el Infonavit le explicaron que la vivienda fue tramitada por una papelería meridana a nombre de María Elena Isabel Casanova.

Intentó, sin éxito, localizar a la mujer que señalan sus papeles por medio de Facebook. Mientras tanto, en el Instituto un funcionario de nombre Fernando López Villanueva de plano le preguntó: “¿De qué se preocupa usted? ¡Ya tiene casa!”

Pero su preocupación continúa. No hay autoridad alguna que le entregue su casa pacífica y legalmente. En el Infonavit le sugieren que rompa las cerraduras y entre.

Ella ya fue a ver la casa en Juan Pablo Segundo, y sabe que hay alguien habitándola. “Aunque yo sea la dueña no lo puedo hacer, hay gente inocente”.

Con las personas que viven alrededor, comenzó a averiguar quién vive en su domicilio, pero le comentaron que es una maestra de Cancún y solamente viene en vacaciones, “que es mi casa, pero no puedo entrar porque no tengo llave”.

La mensualidad que ha pagado desde 1995, con su nombre, sin ninguna firma emitida por ella o documentación que haya entregado, pero con sus cuatro hijos como beneficiarios, aún no resulta en entregarle su hogar que ya solamente resta en cuatro años de pagos.

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