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martes, octubre 19, 2021
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Las exigencias de la vida adulta

No es que la vida adulta actual sea más difícil,
es que hemos creado mayores exigencias 
y menos oportunidades

Esta frase me ha dado vueltas por semanas. Surgió entre sesiones. Una tras otra persona enfrentándose a una realidad altamente demandante, con sentimientos de desgano, tristeza, desmotivación, insuficiencia, culpa, preocupación, miedo, angustia. No, nunca es suficiente; siempre se necesita algo más.

Intentamos estar bien en lo personal, con las emociones, la alimentación, el ejercicio, el cuidado personal, la pareja, las hijas o hijos, amigos y amigas, trabajo, practicar alguna actividad contemplativa, buscar la estabilidad económica, emprender, invertir o al menos sobrevivir, y la realidad es que no siempre lo logramos.

Uno o una termina, al final del día, con un sentimiento de insatisfacción porque faltó algo, aún se tienen pendientes, aún no se logran las metas, aún hay que hacer más.

Y es que, seamos conscientes, vivimos en un entorno que nos demanda más y más, que gira en torno al consumismo, a la producción, al materialismo, al tener por encima del ser. Este enfoque nos está llevando a la destrucción, desde lo social, lo ecológico, el bienestar emocional.

Hemos sido siempre personas que, históricamente, cuestionamos todo. Gracias a esos cuestionamientos hemos crecido. Ese cuestionarnos creó revoluciones que han traído cambio. Ahora es tiempo de cuestionar este entorno que exige, pero que al mismo tiempo resta oportunidades y espacios a la mayoría de las personas.

Sin pensamiento crítico nos volvemos zombies, ciegas y ciegos que simplemente persiguen estos mandatos establecidos social y culturalmente. Habrá que despertar, salir de esta matrix ideológica. No es fácil ni placentero, porque el entorno se encarga de enfatizar que estamos equivocadas o equivocados, que alejarnos de este modelo es sólo utopía, fantasía, tontería y algo absurdo.

¿Cómo podemos alcanzar el bienestar emocional, físico, psicológico, social, ecológico, etcétera, si solemos tener la percepción de que aún nos falta algo para estar mejor? No hablo de la válida satisfacción de las necesidades básicas, sino de las creencias que nos enfatizan que nos merecemos más, que debemos tener más, experimentar más, comprar más, ganar más, expandirnos más, invertir más, comer más, emprender más, viajar más, todo más, más, más y más.

Mientras vivamos sin cuestionarnos todo ello, nada será suficiente, y si nada es suficiente, ¿cómo alcanzar la felicidad? Basta con mirar o escuchar un espacio de noticias: caos ecológico, guerras, pobreza, corrupción, narcotráfico, consumo de sustancias, tiroteos, suicidios, migración, discriminación, abusos, riqueza desmedida y desproporcionada de unos/as cuantos/as, depresión, ansiedad, estrés, angustia, desesperación, vacío existencial.

Si ese es el resultado que se obtiene, ¿no tendríamos que cuestionarnos la ecuación?

Quiero, en verdad, que hoy te preguntes si el camino que recorremos como humanidad nos está llevando a la armonía, satisfacción, bienestar, plenitud, trascendencia, bondad, amor, ética, compasión, comprensión, solidaridad, unidad, felicidad. Quizás no podamos obtener una pronta respuesta de dónde encontrarla o cómo construirla, pero, si la respuesta no está en el camino que se ha creado y exigido actualmente, al menos, es tiempo de darnos cuenta, de cuestionarnos, para empezar una exploración en otras alternativas.

Mientras nuestro entorno continúe generando estas exigencias, mientras las personas no se las cuestionen, mientras esto se perpetúe, será algo difícil hablar de bienestar emocional. Te lo dejo como semillita.

Ma’alob.

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