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sábado, noviembre 27, 2021
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La calma es el camino

Nuestra mente es una vorágine. Se mueve para acá y para allá. Todo el tiempo pensando en las deudas, las obligaciones, los pendientes, las situaciones que debemos resolver en el día a día, los comentarios que recibimos, etcétera. Buscamos el equilibrio, pero el desequilibrio es la constante.

Todo nos enfatiza la prontitud, la preocupación e inmediatez. No tenemos tiempo para pensar. No tenemos tiempo para la calma. La calma es una ilusión, un privilegio de pocas personas, de aquellas que tienen “resueltas” todas las necesidades. Para quienes no las tienen, siempre hay inquietud, incertidumbre, intranquilidad. El estrés forma parte del pan nuestro de cada día, y lo consideramos normal. “Es la vida adulta” nos repetimos acongojadamente día con día.

¿Calma? Bueno, lo intentamos con momentos donde cerramos los ojos y escuchamos la música que nos gusta y nos relaja; o mientras hacemos ejercicio; también con prácticas contemplativas como la meditación, la respiración o la oración; tal vez, incluso, hasta con el alcohol o alguna otra sustancia. Pero queda en ello, en intentos, en oasis momentáneos dentro de nuestras ajetreadas vidas. ¿Cuándo parar si todo es incesante?

Imagina que tu mente es como un vaso con agua y arena. Imagina que ese vaso se sacude. ¿Qué pasa con la arena? Comienza a moverse y enturbia el agua, permea en todo el vaso. Si quieres ver a través del vaso es muy probable que no veas con claridad. A mayor perturbación mental, menor claridad. ¿Sabes? Así nos pasamos viendo la vida todo el tiempo. Nuestra mirada está permeada por las aflicciones mentales y nuestros ojos tienen un velo que nos impide ver con claridad.

Nuevamente, coloca en tu mente ese vaso con agua que tiene la arena removida. ¿Qué tenemos que hacer para lograr ver a través de éste? ¡Fácil! Dejar de moverlo, permitir que la arena se asiente en el fondo y eso nos permitirá ver mejor. Ese ejercicio se llama calma. La calma nos quita el velo de las emociones aflictivas y mantiene una mirada limpia; ver con claridad ayudará para tomar mejores decisiones.

Quiero que reflexiones y te des cuenta que todo el tiempo nos pasamos apagando “bomberazos”, y la gran parte de éstos son producto de decisiones que tomamos impulsivamente. Además, este mismo velo de las aflicciones nos hacen creer con mayor facilidad las ilusiones que un mundo materialista nos indica: caminos que ofrecen felicidad, pero que son confundidos con satisfacción, bienestar, alegría o placer, todos ellos temporales y transitorios, lo que mantiene una constante de vacíos y nos empuja de nuevo a ellos. Un ciclo interminable de insatisfacción.

¿Cómo salir de este carrusel? El primer paso es la calma. La calma permitirá, poco a poco, desarrollar una mente más clara. Con una mente más clara podremos, entonces, fortalecer una mente crítica, capaz de cuestionar todas aquellas ilusiones que el mundo nos ofrece como senderos para el logro de ese anhelado objetivo: la felicidad y la erradicación del sufrimiento.

No es algo que se va a dar mágicamente, ni de la noche a la mañana. Si pensamos en nuestra mente como un chango, tomará tiempo amaestrarlo, domarlo, y más, cuando vivimos en un entorno donde constantemente estamos presionados/as, exigidos/as; donde las voces que gritan no nos permiten detenernos, donde la premura es la bandera del “éxito”; donde hay tantas bananas que harán que ese chango se sienta inquieto.

Pero, si alimentamos a nuestros pensamientos del conocimiento que fundamenta el camino de la calma, nos vamos convenciendo de ello poco a poco, esto ayudará a consolidar la determinación para realizar las acciones adecuadas y, a través del esfuerzo, comenzar a ser dueñas y dueños de nuestra propia mente.

¿Verdad que sería maravilloso construir y alcanzar una felicidad genuina y verdadera? Pues, bien, la calma es el camino. Y no lo digo sólo yo. Por ahora, como siempre, yo sólo soy el que te da la semilla. Está en ti sembrarla, abonarla, regarla, acompañarla para que germine, crezca, y un día, te dé abundantes frutos de paz, tranquilidad, bondad, amor, compasión.

Ma’alob.

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