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miércoles, mayo 25, 2022
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La semana de la movilidad

El regreso de las vacaciones de Semana Mayor inició con una noticia del Instituto de Movilidad y Desarrollo Urbano Territorial: “Esta semana todos los directores y jefes del IMDUT tienen la consigna de dejar el carro, subimos al camión o usar las ciclovías. Un ejercicio que haremos cotidianamente”.

Al menos el lunes 25, los directores y jefes de la dependencia subieron sus fotografías como usuarios del transporte público o en sus bicicletas.

Pensamos que el pésimo el transporte urbano es un problema exclusivo de las personas de escasos recursos, quienes carecen de medios para adquirir un vehículo y llenar su tanque de gasolina. En la comodidad de un automóvil, la sociedad olvida que es un servicio público que afecta y compete a todos, porque Mérida está saturada de automotores y, con ello, de contaminación, de congestionamiento vial y mucho estrés.

La Secretaría de Seguridad Pública reportó que, antes de la pandemia, al mes gestionaban sus placas un promedio de cinco mil vehículos. Es decir, 60,000 vehículos al año se suman a la circulación en las arterias meridanas, una desproporción entre la capacidad de sus angostas calles y los vehículos que la invaden.

Cada día se agrava el estrés ante los embotellamientos en cruceros altamente transitados, en avenidas de entrada y salida de la ciudad o ante los constantes choques por alcance. Un accidente en un punto nodal del Anillo Periférico representa un desvío de al menos 10 minutos.

Mérida, la gran capital económica del Sureste, tiene a su ejército de trabajadores y estudiantes movilizándose en unidades viejas, con una frecuencia tan mala que muchas veces se pierden cuatro horas de la casa al destino, contando, por supuesto, la ida y el regreso.

En la llamada “nueva normalidad” el problema se agravó. El número de autobuses se redujo y su frecuencia es cada vez menor: la espera tarda casi una hora. Solo las Combis del FUTV mantienen su frecuencia.

Además, el transporte público no se sabe de semáforos epidemiológicos ni de sana distancia. La necesidad de llegar a la escuela o al trabajo las convierte en latas de sardina, en un calvario.

El 13 de marzo de 2019 hubo un anuncio gubernamental, que el mejoramiento del sistema de transporte urbano arrancaría con la instalación de equipos de monitoreo en 1,350 unidades.

En el marco de la edición 16 de la Semana de Arquitectura de la Universidad Modelo, el Imdut ofreció que, gracias a la tecnología, obtendría de cada unidad información de su trayecto, número de pasajeros, duración y otros datos en tiempo real, cuyos resultados servirían para entender los retos, los costos y la viabilidad de cada ruta.

“Todo esto dará lugar al diseño de un proyecto para brindar un servicio eficiente, accesible, seguro y rentable, pero sobre todo, acorde con los planes de movilidad que requiere la ciudad”, ofreció la dependencia.

Tres años después de ese anuncio, poco se supo de la instalación de las cámaras. Ojalá que los ojos de los directores y jefes del Imdut vean esta semana más que los 1,350 ojos electrónicos que nunca arrojaron resultados, para que Mérida reduzca el número desproporcionado de vehículos motorizados que la circula y al fin de los primeros pasos hacia una movilidad urbana eficiente.

cavw67@hotmail.com

(*) Reportero

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