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martes, agosto 9, 2022
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Un jueves cualquiera

A sus 42 años, el psiquiatra Thaddeus Kostrubala acumulaba en su metro ochenta de estatura 110 kilos, índices altos de triglicéridos y un aumento en la presión arterial, resultado de su afición a las bebidas alcohólicas y el sedentarismo. Se asustó al sentir los primeros avisos de problemas cardiacos.

Consultó con un cardiólogo de San Diego, John Boyer, quien le recetó su innovadora terapia, la misma que ayudó sobrevivientes de infartos: ejercicio aeróbico moderado, bajo vigilancia médica. Aunque buscó el menor pretexto para abandonar el inédito tratamiento, el Dr. Thaddeus encontró los beneficios de correr sin competir contra la distancia, contra el tiempo, contra los demás y contra él mismo.

En 1976 escribió el libro “El placer de correr”, donde plasma que la receta del Dr. Boyer lo llevó a confirmar el antiguo proverbio latino Mente sana en cuerpo sano, la profunda interrelación entre la salud física y la mental. El libro revolucionó al mundo, muchos aprendieron de sus páginas que correr no se limita al tiempo dedicado al ejercicio, sino que penetra todos los aspectos de la vida del individuo.

El libro enseñó que correr tipo “Zen” es eficaz para acabar con el sobrepeso, la hipertensión y otros males físicos, así como la mejor psicoterapia para aliviar los síntomas de la depresión y mejorar la autoestima. Correr despacio largas distancias produce algo parecido a los alucinógenos: un estado alterado de conciencia que permite entender el funcionamiento de los pensamientos.

En un artículo que publicó el 21 de diciembre de 2018, David Allen escribió en referencia al libro del Dr. Thaddeus: “Correr no es una prueba, es una terapia; no es un reto, es una recompensa; no es la pregunta sino la respuesta”.

El escribir genera un entrenamiento similar a correr despacio largas distancias. La mano encuentra placer en esos momentos diarios de comunión con la pluma para expulsar el exceso de pensamientos y sentimientos que atosigan a la mente y la conciencia. En menester el trabajo cotidiano para dominar la herramienta de trabajo: la palabra.

Si no hay nada positivo por publicar, no publico El nido semanal. Pero no por eso dejo de escribir, aunque los trazos terminen en el bote de basura cumplen con su cometido: el corazón se robustece, el metabolismo se regulariza, los pensamientos se tonifican y, como resultado, se alivian las tensiones, se disipan malos humores.

¿Por qué escribes una columna semanal que nadie lee? –preguntó una persona cercana.

Por terapia –respondí sin pensar.

Correr y escribir proporcionan un sueño más tranquilo y reparador. Nos permiten resistir estos tiempos de crisis económica, política, social y sanitaria con serenidad y eficacia. ¡Tenis en polvorosa y pluma en la mano!

cavw67@hotmail.com

(*) Reportero.

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